Carlos III nombra a Sarah Mullaly como arzobispa de Canterbury, primera mujer en ocupar el máximo cargo en la iglesia anglicana
Carlos III nombra a Sarah Mullaly como arzobispa de Canterbury, primera mujer en ocupar el máximo cargo en la iglesia anglicana

LONDRES.- Por primera vez en casi cinco siglos de historia, la Iglesia de Inglaterra tendrá a una mujer en su máximo liderazgo espiritual después del monarca.

El rey Carlos III nombró a Sarah Mullally, actual obispa de Londres, como arzobispa de Canterbury, el cargo de mayor rango en la Comunión Anglicana.

Este nombramiento marca un hito histórico en una institución que desde su fundación, en tiempos de Enrique VIII, había sido dirigida solo por hombres.

La designación de Sarah Mullally, de 63 años, representa un paso más en el camino de apertura iniciado en 2014, cuando se permitió que mujeres fueran ordenadas obispas.

Aunque el rey es el Gobernador Supremo de la Iglesia de Inglaterra, el arzobispo de Canterbury es considerado el primado anglicano en Inglaterra y líder espiritual mundial de millones de fieles.

Su rol es principalmente simbólico, pero de gran relevancia pública y política, pues incluye un asiento en la Cámara de los Lores y la participación en debates nacionales.

¿Quién es Sarah Mullally? Trayectoria de la primera arzobispa de Canterbury

Antes de su vida religiosa, Sarah Mullally trabajó como enfermera en el Servicio Nacional de Salud (NHS).

A los 37 años se convirtió en la jefa de enfermería del Gobierno británico, la persona más joven en ocupar ese puesto. En 2002 fue ordenada sacerdotisa y en 2018 se convirtió en la primera mujer obispa de Londres, consagrada en la Catedral de San Pablo.

Sé que se trata de una enorme responsabilidad, pero la asumo con paz y confianza en Dios, que me guiará como siempre”, declaró al aceptar el nuevo cargo.

También subrayó que el anglicanismo puede ofrecer “algo más silencioso pero más fuerte” en un tiempo de incertidumbre y polarización social.

Sarah Mullally ha sido una voz feminista dentro de la Iglesia.

En 2023 defendió la decisión de permitir que sacerdotes bendijeran uniones entre personas del mismo sexo, considerándolo “un momento de esperanza”. Reconoció, sin embargo, las divisiones internas que persisten en torno a estos temas.

Un relevo tras la crisis de abusos en la iglesia anglicana

Sarah Mullally sustituirá a Justin Welby, arzobispo desde 2012, quien dimitió en 2024 tras fuertes críticas por su manejo de un escándalo de abusos sexuales a menores en el seno de la Iglesia Anglicana.

Una investigación independiente reveló que Welby no denunció oportunamente a John Smyth, un influyente líder cristiano señalado como abusador serial.

El caso generó gran conmoción en el Reino Unido y debilitó la autoridad de la Iglesia.

Durante el año en que el puesto estuvo vacante, el cargo fue ocupado interinamente por Stephen Cottrell, arzobispo de York, también cuestionado por su gestión de otro caso de abusos.

El nombramiento de Mullally busca proyectar una nueva etapa de credibilidad y renovación. Su consagración está prevista para enero de 2026 en la Catedral de Canterbury, donde rendirá homenaje al monarca.

Retos de la Iglesia de Inglaterra

El ascenso de Sarah Mullally ocurre en un contexto de declive de fieles. Según el censo de 2021, solo un 12% de los británicos se identifican como miembros activos de la Iglesia de Inglaterra.

Aun así, sigue siendo la religión oficial del país, con alrededor de 20 millones de bautizados.

La institución enfrenta divisiones internas en su sínodo, entre posturas progresistas y conservadoras, especialmente sobre temas como la inclusión de la comunidad LGTBIQ y el papel de las mujeres en el sacerdocio.

Además de sus responsabilidades eclesiásticas, la nueva arzobispa tendrá un rol activo en la política británica.

En la Cámara de los Lores deberá pronunciarse sobre temas como la muerte asistida, legislación a la que se opone, defendiendo en su lugar un fortalecimiento de los cuidados paliativos.

Hoy enfrentamos cuestiones morales y políticas complejas: la migración, el derecho a la vida, las comunidades marginadas”.

Así lo señaló Sarah Mullally en sus primeras declaraciones.

Con su nombramiento, la Iglesia Anglicana inicia un capítulo inédito, encabezado por una mujer que se propone guiarla en medio de desafíos sociales y religiosos.