TIERRALTA, Colombia.- “Se perdió todo, menos la vida“, dijo José Julián Castaño, agricultor de la aldea de Puertas Negras, uno de los miles de damnificados que dejó la reciente crecida del río Sinú en la zona rural del municipio de Tierralta, en el departamento colombiano de Córdoba.
El hombre cuenta que la emergencia llegó sin aviso, porque el agua empezó a subir y él decidió esperar, como otras veces, a ver si la creciente se detenía, pero esta vez no ocurrió porque el agua terminó entrando hace cuatro días a su casa y alcanzó cerca de un metro de altura. Así perdió sus gallinas, cerdos y los cultivos que sostenían a su familia.
“Lo único que no se perdió fueron las vidas de nosotros“, insistió.
Más de 27.000 familias están siendo afectadas por la ola invernal en Colombia.
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Las lluvias están poniendo en riesgo el acceso a alimentos y la protección de miles de hogares.
Actuar a tiempo es clave.
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El desalojo vino después, cuando ya no había forma de permanecer en la vivienda, por lo que Castaño y su familia, parte de un grupo de 21 personas, fueron trasladados a albergues improvisados por la Alcaldía en escuelas e iglesias de la zona.
No hubo alerta

El campesino aseguró que no recibieron ninguna alerta para el desalojo: “No, nada, nada. Ahí no hubo alerta de nada” afirmó.
Y aunque reconoce que en la zona son frecuentes las crecidas del río Sinú, dice que el temor ahora es distinto porque “antes venían tres o cuatro crecientes al año” y se sabía por dónde pasaba el agua.
Pero ahora viven con “el miedo de que se caiga ese muro“, en referencia a la represa de la central hidroeléctrica de Urrá, la única de la zona norte de Colombia, que tiene cuatro turbinas con una capacidad instalada de producción de 340 MW.
El embalse, situado a 276 kilómetros de la desembocadura del río Sinú, tiene un área de 7,988 hectáreas que almacenan 1,616 millones de metros cúbicos de agua.
En este video pueden observar cómo una canoa atraviesa la cancha, las aulas, el sala múltiple, totalmente sumergidas dentro del agua en la Institución Educativa Nueva Unión, en Tierralta, tras la emergencia climática en Córdoba. Las familias damnificadas necesitan ayuda.
— fecode (@fecode) February 6, 2026
Llamamos… pic.twitter.com/G3LdhWrCj2
El vertedero de Urrá, que según la empresa sirve también para regular el flujo de agua, tiene una capacidad máxima de descarga cercana a los 9,000 metros cúbicos por segundo que caen al cauce del Sinú.
Eso, según los campesinos, agudiza aguas abajo una emergencia que comenzó con las lluvias atípicas en esta época del año en el país, producto del frente frío del Ártico que llegó hasta el sur del Caribe.
Mientras los damnificados esperan respuestas, el Gobierno nacional y las autoridades locales intentan atender la emergencia.
A state of calamity has been declared in Córdoba department, northern Colombia, after severe flooding affected more than 10,000–13,000 families across at least 17 municipalities.
— Volcaholic 🌋 (@volcaholic1) February 3, 2026
Authorities say rising levels along the Sinú River have been worsened by emergency management at the… pic.twitter.com/if9tQP1oyU
Hasta la zona llegó el jueves el director de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (Ungrd), Carlos Carrillo, quien a pocos metros de donde Castaño contaba su tragedia informaba de la llegada de un vuelo de la Fuerza Aérea con más de diez toneladas de ayuda trasladadas desde Bogotá.
Según explicó, la asistencia incluye kits alimentarios, de cocina y de higiene personal, además de hamacas y sábanas, y su entrega “depende del registro de las familias en el censo oficial de damnificados que realizan las autoridades municipales”.
Miles de damnificados

Entre tanto el alcalde de Tierralta, Jesús David Contreras, señaló que la situación “sigue siendo crítica en las zonas rurales ribereñas“, y según el balance preliminar, unas 60 aldeas permanecen inundadas, con más de 5,100 familias damnificadas y alrededor de 8,000 hectáreas de cultivos perdidas.
Actualmente, indica el alcalde, funcionan 36 albergues temporales en el municipio, donde las comunidades reciben alimentación diaria mientras las aguas comienzan a descender.
Para Castaño, sin embargo, la preocupación va más allá de la ayuda inmediata: “¿Ahora qué hacemos?”, pregunta.— (Con información de Esneyder Negrete).
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