AYOLAS, Paraguay.— Ramón Ferreira relató con pesar que su vida se detuvo hace dos semanas, cuando la crecida del río Paraná inundó su casa y las de cientos de personas en la ciudad de Ayolas, en el departamento paraguayo de Misiones, en el sur del país.

La localidad se ha convertido en el epicentro de una emergencia causada por las lluvias asociadas al fenómeno de El Niño, que ha dejado más de 4,000 familias damnificadas en todo el país.

“Tuvimos que salir (de nuestras casas). Yo estaba haciendo trabajos particulares afuera, pero con esta situación tuve que dar un paso al costado porque no me da, la movilidad es difícil”, dijo Ferreira desde un albergue en la Escuela 131 de la ciudad.

La vivienda de este hombre, ubicada en el barrio San Josemí, está casi por completo bajo las desbordadas aguas del río Paraná, cuyo nivel suele situarse entre 1.50 y 1.80 metros, pero que por estos días se acerca a los 6.50 metros, muy por encima de los 4.50 metros que la ciudad tiene como límite antes de entrar en emergencia.

“Sabíamos que la inundación iba a venir”, admitió Ferreira, resignado.

“Teníamos esperanzas de poder pasar octubre en nuestras casas. Lastimosamente, antes de la quincena de octubre vino el aviso y tuvimos que salir antes de que el agua nos arrase”, añadió.

La familia tuvo que dejar la vivienda y los animales que cría para su autosustento.

Las ovejas y los cerdos fueron trasladados a casas de amigos, mientras que las gallinas, más de un centenar, quedaron en la parte más alta de la casa, junto con las pertenencias que pudo salvar de las aguas.

Inundaciones en Paraguay: prevén que la emergencia se prolongue hasta enero

En Ayolas residen cerca de 18,000 personas, según datos recabados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) en el censo de 2022.

De ellas, más de 3,000, casi el 17 %, se han visto obligadas a trasladarse a alguno de los 19 refugios instalados en las zonas más altas de la ciudad, aseguró el intendente (alcalde) electo y coordinador del Centro de Operaciones de Emergencia de Ayolas, José Mutti.

“Esto va a durar bastante tiempo, empezó el mes de octubre y durará todo noviembre y diciembre. La información que tenemos hasta el momento es que en enero existe la posibilidad de que empiecen a bajar (las aguas)”, explicó.

El río Paraná suele crecer cada año, pero esta vez “es diferente”, afirmó Mutti, al referirse al fenómeno de El Niño.

“Se afectaron barrios no ribereños (…), tenemos muchísimas pérdidas tanto en la parte agrícola como ganadera”, advirtió.

Aun así, esta crecida es menor que la de 1983, muy recordada en el país porque dejó bajo las aguas incluso amplias zonas de la capital, Asunción, cuando varios de los ríos del país aumentaron su nivel.

“Acá estamos los nietos y los bisnietos de los que estuvieron en 1983”, afirmó Ferreira, al recordar el carácter cíclico de las inundaciones en Paraguay por la crecida del Paraná y otros cuerpos de agua que recorren esta nación mediterránea.

Familias damnificadas reciben ayuda en albergues y ollas comunitarias

La Escuela 131 alberga a una treintena de familias damnificadas, que suman más de 100 personas.

Allí, los afectados duermen en carpas donadas por la Entidad Binacional Yacyretá, que administra la hidroeléctrica creada por Argentina y Paraguay y que utiliza la corriente del Paraná para producir energía.

Algunos damnificados tienen la vida en pausa, pero otros, como María Magdalena Ferreira, han encontrado nuevas labores. La mujer es una de las encargadas de las ollas comunitarias, en las que cada día se preparan al menos tres comidas para más de 100 personas.

  • Inundaciones en Paraguay por crecida del río Paraná
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En medio de sus nuevas ocupaciones, la mujer no olvida la tragedia que atraviesa.

“Se mojaron casi todas mis cosas”, declaró con pesar. “Muy rápido vino el agua”, agregó.

Tampoco olvida a sus mascotas, a las que considera parte integral de su familia. Su perrita y uno de sus gatos, el más dócil, la acompañan en su carpa.

Sin embargo, otro felino más arisco, al que califica como “malo”, sigue oculto en la parte alta de su casa. Cada mañana, el hermano de la mujer toma una lancha para llevarle comida al animal.

“Ahora todo es tormenta, tormenta, es un peligro para nosotros. Pero sí o sí tenemos que volver a nuestras casas”, concluyó la mujer.— (Por Ron González y Francisco Zárate).

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