Salud y vida
Yeusví Maley Flores Cazola (*)
Tratándose de ropa y accesorios es fácil decidir ahorrar y elegir imitaciones; sin embargo, cuando se trata de nuestra salud, sin duda alguna se convierte en una decisión complicada.
Nos surge la duda de si la dosificación será la adecuada, si surgirá el mismo efecto que el original o si en verdad es necesario elegir aquel medicamento cuyo valor comercial se incrementa por más del doble. Resulta en este contexto fundamental conocer que los denominados medicamentos de patente o comúnmente conocidos como “originales” reciben esta denominación puesto que un laboratorio ha realizado una investigación larga y exhaustiva durante muchos años; misma que ha culminado en un producto de acción farmacológica comprobada, cuya seguridad y eficacia ha logrado los estándares requeridos.
Por lo anterior, el laboratorio o farmacéutica adquiere el derecho exclusivo para comercializar dicha sustancia durante un tiempo determinado; que en promedio es de alrededor de 10 años.
Una vez transcurrido dicho período, la sustancia queda libre en el mercado para su venta; proceso que implica que otras empresas farmacéuticas puedan hacer uso de ella. La importancia aquí es que independientemente de que la sustancia sea libre, para poder adquirir el derecho a venta, los laboratorios después de procesar la sustancia activa, deben forzosamente comprobar nuevamente su eficacia y seguridad, asegurando que los efectos producidos por la original sean replicados en su totalidad y con exactitud.
¿Y por qué son mucho más baratos? Desarrollar una investigación en salud conlleva gastos exorbitantes, desde recursos humanos, equipos tecnológicos de primer nivel y sobre todo años y años de estudio. En promedio un laboratorio puede trabajar con 10 mil moléculas para crear fármacos nuevos; de esas 10 mil, únicamente 20 serán las que sean aptas para ser probadas en estudios clínicos y de las cuales finalmente se obtendrá muchas veces tan solo un fármaco o medicamento. Toda esa investigación, que permite el desarrollo de medicamentos cada vez más específicos, con menos efectos adversos, y capaces de combatir las nuevas enfermedades a las cuales nos enfrentamos todos los días, es lo que finalmente incrementa el costo del medicamento.
Vivimos en el paraíso farmacológico, un mundo en el que existe nicho de oportunidad para todos los fármacos. Aquellos genéricos que nos permiten combatir las enfermedades comunes como los refriados y las gastroenteritis y aquellos de patentes sin los cuales la sobrevida de pacientes con cáncer o insuficiencia renal no sería la adecuada. Y con la seguridad de que ambos son equitativos.
Cuál consumir termina siendo una decisión personal; desde luego nadie mejor que tu médico para orientarte de acuerdo con la enfermedad que presentes en el momento de tu consulta.
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