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Salud y Vida

Yeusví Maley Flores Cazola (*)

Para toda mamá, ya sea primeriza o muy experimentada, el proceso de la llegada del bebé conlleva una serie de acciones que culminan con un llanto que anuncia un nuevo ser querido.

Y es que para pocos pasa por desconocida la clásica escena de una película donde podemos observar al bebé rozagante que llora enérgicamente mientras se entrega a los brazos de su madre.

Y como médicos es inevitable desear vivir rodeados de escenas mágicas. Sin embargo, este escenario representa uno de los más estresantes para el médico.

Los diversos cambios que deberán desarrollarse en el aparato respiratorio del bebé para permitirle pasar de un medio húmedo a uno seco, el término de la circulación materno fetal y la regulación de la temperatura, son situaciones clínicas que además de críticas marcan la pauta del desarrollo infantil y de la vida futura de este nuevo ser.

Y es precisamente por lo anterior que el pediatra inmediatamente después del alumbramiento se da a la tarea de verificar, cuidar y estabilizar todos los signos anteriores, segundos cruciales a través de los cuales los hábiles ojos realizan un escaneo veloz para determinar la coloración de la piel (apariencia), el ritmo cardiaco (pulso), los reflejos (gestos), el tono muscular (actividad) y la respiración, lo que deriva en la tan famosa calificación llamada Apgar.

Esta escala de valoración asigna a cada parámetro los valores del 0 al 2 y refleja, a través de los resultados, la capacidad de adaptación del bebé a su nuevo entorno.

Esta valiosísima y determinante valoración clínica se realiza al minuto del nacimiento y se repite a los cinco minutos, motivo por el que el bebé contará con dos cifras que reflejen las condiciones en que fue recibido.

Por otra parte y de igual importancia resulta conocer el grado de madurez y desarrollo que ha logrado alcanzar el bebé, aunque las semanas de gestación pudiesen considerarse un reflejo fidedigno del desarrollo. También existen datos físicos específicos, como los pezones, lóbulos de las orejas y plantas de los pies, que al ser evaluados revelarán de una manera inequívoca el grado de desarrollo alcanzado, que será expresado en semanas. Dicha valoración se denomina Capurro.

Al conjuntar las valoraciones del Apgar y Capurro de un bebé se obtiene un contexto fidedigno del desarrollo y pronóstico rápido. a corto plazo.

Así que invito, principalmente a las mamás, a prestar particular atención a los resultados de estos exámenes y adjuntarlos a la maravillosa oleada de recuerdos que a partir de ese momento comenzarán a construir a lado de su bebé.

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