Un deber social
Yucatán está lejos de los primeros lugares en suicidios, pero no por ello deja de preocupar a la academia, que mediante investigaciones, intercambio de conocimientos y foros busca estrategias para disminuir este tipo de muertes en el estado.
Ayer, el Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales (Cephcis) de la UNAM realizó la tercera Jornada Regional de Prevención del Suicidio.
En ese evento la doctora en Antropología Laura Hernández Ruiz, profesora-investigadora del Cephcis, admitió que las cifras de los suicidios en Yucatán son muy preocupantes, van al alza en este año y todos deben unir esfuerzos para bajar la incidencia y resolverlo.
Aunque reconoció que es un problema complejo porque lo originan múltiples causas, principalmente psicológicas, sociales, familiares y culturales.
La investigadora presentó el mapa del suicidio de 2010 al 2015 y en estos años Yucatán ha ocupado el octavo y decimotercer lugar en el país, nunca el primero, segundo y tercer lugar como se menciona. En 2010 ocupó el octavo lugar con 206 suicidios, en 2011 y 2015 fue decimoprimero con 186 y 190, en 2014 fue el decimosegundo con 181 y en 2012 y 2013 fue decimotercer lugar con 160 y 167.
En los primeros siete meses de 2018 hubo 146 suicidios registrados, según cifras de la Secretaría de Salud, lo que es una cifra superior a los casos que hubo en 2017 (144) y 2016 (121).
Las principales causas del suicidio en Yucatán son la depresión, los problemas sentimentales entre las parejas y las enfermedades terminales. También lo provoca la violencia, el consumo de alcohol y de drogas, el abandono y la desesperanza.
Los grupos más propensos al suicidio son los jóvenes de 20 a 25 años de edad y los adultos mayores, según los indicadores del Inegi por cada 100,000 habitantes.
Los varones son los más proclives a recurrir al suicidio, pero en 2015 se observó que la mujer también ya recurre a esta forma de privarse de la vida y ahora usa métodos más efectivos para conseguir su objetivo. Solo en ese año tuvo un 31% de casos, cuando los porcentajes de 2010 a 2014 fueron de 17%, 16% y máximo 24%.
La investigadora dijo que la prensa escrita edita notas sensacionalistas para vender su producto, utiliza casos no declarados como suicidios, publica fotografías de los cadáveres sin respeto a la familia y el difunto, y califica al suicida.
Además, la descripción detallada de estos casos tiene efectos en personas vulnerables o que han intentado el suicidio y genera un impacto como el de la novela de Goethe “Las penas del joven Werther” y la obra de teatro “Salida final”, que causó suicidios en Nueva York.
La doctora mostró periódicos, entre los que no estuvo el Diario, que publican fotografías de la posición de los cadáveres, del método y escena del suicidio, y la tanta repetición de la cobertura induce y promueve pensamientos suicidas.
Pone títulos despectivos como “primer fiambre”, “exótica”, “toxicómano”, “flaco se fue con la calaca”, “Y se Matú”, Yah se mató”. Otros como “epidemia de suicidios”, “escapa por la puerta falsa”, “la parca anda suelta”, “salió por la reja falsa”.
Todos estos calificativos tienen un impacto sobre las familias y los sobrevivientes.
También descartó que los suicidios tengan relación con la leyenda sobre la diosa Ixtab, porque una encuesta arrojó que el 85.7% no conoce ese personaje mitológico maya y otras investigaciones dicen que Ixtab es la deidad de la Cacería.
Para tratar de cambiar la violencia periodística en los suicidios, el Cephis elaborará un Manual del Reportero, además de que dará un curso para los periodistas de la fuente policiaca y a quienes estén interesados.
Se indicó que hoy día la Organización Mundial de la Salud dicta normas para el manejo correcto de los términos de la prensa.
“Sabemos que su trabajo es informar al público, estoy de acuerdo, pero deben editarse las notas con las sugerencias de la OMS”, señaló la investigadora.
Sobre el suicidio de niños, dijo que son varios factores que los orilla a esa decisión, pero principalmente porque tienen acceso a todo tipo de información con las nuevas tecnologías y las familias han perdido la comunicación entre sí.
Asimismo, ya no hablan a la hora de la comida de situaciones que les pasa en su jornada de trabajo o estudio, ya no hay buenos consejos, ahora el celular, las tabletas y la televisión captan la atención de los niños y escuchan, ven y leen los casos de suicidios y lo imitan.— Joaquín Chan Caamal
El foro contó con la participación de otros académicos como la doctora Eliana Cárdenas Méndez, el maestro Moisés Frutos Cortés, el maestro Raúl Silveira Sáenz, Aarón Pacheco Miranda, Claudia Bolio Pacheco, Jorge Mauricio Sánchez Roldán y funcionarios de la Fiscalía General y la Secretaría de Salud.
