Psicología
Psic. Enid Sosa Martínez
Cada día, niños y jóvenes aprenden a ser adultos por medio de pautas de crianza distintas a las que nosotros experimentamos. Debido a las exigencias sociales, los padres dirigen su atención en la satisfacción de necesidades materiales y dejan en pausa todos aquellos requerimientos que aparentemente no son tan preocupantes.
Sin embargo, las consecuencias son cada vez más obvias en el ámbito escolar; los que trabajamos como educadores somos testigos de la transformación del concepto de independencia, amor y compasión, convirtiéndose en la mayoría de los casos en autocomplacencia, mínimo esfuerzo y una marcada insensibilidad ante las necesidades de los otros.
Poco a poco y sin darnos cuenta se ha aceptado una cultura que está desprotegiendo el porvenir de la infancia y juventud; de alguna manera promovemos en ellos una “ceguera social” capaz de hacernos indiferentes al dolor ajeno y muy atentos a las necesidades egocéntricas y superfluas.
Estamos pues, en presencia del hedonismo, una doctrina ética originalmente presentada por Aristipo de Cirene en el siglo IV a. C. la cual propone al placer sensorial inmediato como sinónimo de bienestar absoluto, convirtiéndose éste en el principal objetivo de vida.
La satisfacción que ofrece el hedonismo lleva a enfocarnos completamente en las necesidades externas e ignorar las internas, logrando una existencia manipulada y despersonalizada la cual, eventualmente, desencadenará en una vida sin ideales ni sueños definidos.
Desajustes
La verdadera preocupación radica en los desajustes a nivel funcional; las dinámicas de convivencia son ahora escasas y peor aún, conflictivas, agresivas o permisivas, como un medio para suplir la falta de calidad en el tiempo de convivencia familiar propio de una sociedad basada en el consumismo.
La satisfacción inmediata de las necesidades se vuelve prioridad, evitando el desarrollo de la tolerancia a la frustración, prudencia y reflexión, habilidades ideales para enfrentar una sociedad cambiante a nivel económico, político y social.
Ante tal panorama los educadores, psicólogos y sociólogos coinciden en que una de las principales causas de la problemática radica en las pautas de crianza efímeras, sin intención real de impactar en la conciencia de sus miembros, logrando desarrollar en los hijos una clara crisis existencial.
Familia y educación
Las familias centradas en los placeres tienden a delegar la educación en valores y normas de convivencia a los centros educativos, pero en realidad las escuelas deben ser simplemente un apoyo, la educación principal siempre va a venir del hogar.
Sin embargo, la escuela será un eslabón clave para el progreso de un país; se vuelve menester que los educadores estén preparados para contener y forzar el avance de una sociedad con potencial, pero sesgada por la indiferencia en el otro.
Es necesario buscar educar en la trascendencia por medio de estudiantes que logren ir más allá de sus limitaciones personales y sociales, dispuestos a luchar por sus ideales y que den testimonio de integridad en sus acciones. La familia es pues, el lugar ideal para sembrar en los niños y jóvenes las bases para apostar en el futuro a mediano plazo.
Es este proceso el que nos hace individuos capaces de dirigir nuestra vida hacia lo bueno, blanco o gris. Es en la familia y en la educación en donde apostamos nuestro futuro, donde la infancia y la juventud encontrarán lo que necesitan para cambiar nuestra sociedad.
