Una mujer con cubrebocas se ejercita en un gimnasio de boxeo en Vallecas

Es positivo cubrir requerimientos de nuestro cuerpo

La obesidad es un problema de salud pública que se relaciona con numerosos factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares y comorbilidades, recordó la investigadora Ana Belén Peinado, que ha observado que varios estudios han servido para comprobar que el ejercicio puede modular la ingesta de alimentos —como indicamos en la nota de nuestra portada— y contribuir de esta forma a la regulación del apetito, la ingesta total de calorías y la propia composición de la dieta.

“Sin embargo, el tipo de ejercicio que podría inducir mayores cambios fisiológicos y de conductas, relacionados con el comportamiento alimentario y la ingesta de alimentos, sigue sin estar claro”, explicó la investigadora en una nota difundida por la Universidad.

Esa relación es la que estudiaron los investigadores, que tomaron para ello una muestra de 300 personas sobre las que se analizaron más de 2,500 variables.

Los resultados obtenidos ahora no mostraron efectos sustanciales del tipo de ejercicio sobre la ingesta de energía, la selección de macronutrientes o los cambios en la composición corporal.

Sí comprobaron que las personas que hacían más ejercicio aumentaban más el consumo de proteínas, lo cual es positivo, ya que un aumento en la actividad física diaria requiere una mayor ingesta de proteína, y esas personas estarían así ayudando a cubrir ese requerimiento de una forma espontánea.

Comprobaron además que el ejercicio de fuerza, aeróbico o la combinación de ambos, no provocan una mayor necesidad de ingesta en personas que presentan un exceso de peso, y que las personas que inician un programa de ejercicio a largo plazo no aumentan su consumo de energía de manera compensatoria.

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