Un trabajo de varios años para tratar de unificar la atención a los pacientes con hipertensión pulmonar rindió frutos al lograr la integración y aprobación de un Protocolo Técnico.

Se trata de un procedimiento que deben realizar los médicos de primero y segundo contactos, así como los de tercer nivel de referencia, a fin de diagnosticar el padecimiento lo más tempranamente posible, estratificar el riesgo de mortalidad y, acorde con ello, estandarizar el tratamiento.

El Protocolo Técnico de Hipertensión Pulmonar fue presentado la semana pasada a médicos yucatecos.

La doctora Nayeli Zayas Hernández, líder en la realización del Protocolo y especialista en Fisiología Pulmonar, actualmente jefa del Departamento de Cardio-Neumo del Instituto Nacional de Cardiología, explica que durante varios años se intentó unificar tanto la atención como el proceso diagnóstico del paciente de hipertensión pulmonar, un padecimiento complicado, con síntomas inespecíficos que pueden confundirse con los de otras enfermedades.

Como resultado de esto, el paciente suele visitar a cuatro o cinco especialistas antes de que se identifique la causa de la falta de aire, denominada disnea.

El objetivo del Protocolo es que las instituciones de salud, desde el primero y segundo niveles, y en el tercer nivel de referencia, lleven al cabo de manera unificada estudios que den la certeza de un diagnóstico de hipertensión pulmonar, incluyendo la realización de un cateterismo cardíaco, necesario para la detección.

Tener una claridad en el diagnóstico y la posibilidad de recibir tratamiento farmacológico es parte de lo que abarca el Compendio Nacional para la Salud a favor de un acceso universal y de equidad en el tratamiento.

Para hacer esto fue necesario tomar en cuenta los insumos disponibles en los distintos sistemas de salud y proveer a las instituciones de toda la tecnología y recursos humanos y físicos para llevar al cabo un diagnóstico correcto y efectivo, también en cuanto a costos, para que no se hagan un sinfín de procedimientos sino los realmente necesarios.

El documento dispone la homologación en la atención a los pacientes: ante sospecha o síntoma como la disnea, y si razón aparente para ello, el abordaje debe ser la solicitud de estudios que marca el Protocolo con la intención de que se pueda llegar a un diagnóstico eficaz.

Este trabajo plasma la guía para estratificar el riesgo de mortalidad de cada paciente, que puede ser leve, intermedio o alto, y que es crucial para decidir el tratamiento, que puede incluir uno, dos o tres medicamentos. Los tratamientos se encuentran estipulados en el Protocolo.

Hay un tipo de hipertensión pulmonar tromboembólica que puede ser operable, incluido en ese mismo documento. Con ello se busca mejorar la calidad de vida de los pacientes y los tiempos de sobrevida.— IRIS CEBALLOS ALVARADO

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