Los adultos, incluso los que son jóvenes, que utilizan regularmente dispositivos electrónicos de suministro de nicotina (e-cigarrillos) presentan “cambios preocupantes” en la función del corazón y los vasos sanguíneos, que son similares a los que registran aquellos fumadores tradicionales.
Así lo señalan tres estudios estadounidenses que se presentarán en las sesiones científicas de la Asociación Estadounidense del Corazón en Chicago, del sábado 5 al lunes 7 próximos, informa EFE.
En dos de ellos, los investigadores, liderados por la Universidad de Wisconsin, compararon datos de las personas que consumen cigarros electrónicos con los de aquéllas que fuman cigarros tradicionales y las de quienes no utilizan ningún producto de nicotina.
Las nuevas conclusiones se suman “al creciente conjunto de datos científicos” que muestran lesiones cardiovasculares similares entre las personas que usan cigarros electrónicos y las que fuman los tradicionales, resumen los autores.
Además, muestran que este riesgo se observa incluso entre personas más jóvenes que tienen un historial más corto de consumo de nicotina.
En ambos análisis participaron 164 personas que declararon usar exclusivamente cigarros electrónicos durante un promedio de 4.1 años; 117 personas que dijeron fumar exclusivamente cigarros tradicionales durante una media de 23 años, y 114 que nunca habían ni fumado ni vapeado.
En el primero se evaluó la presión arterial, la frecuencia cardíaca y el diámetro de la arteria braquial en el brazo: en comparación con las personas que no consumían nada de nicotina, aquéllas que vapeaban o fumaban cigarros combustibles tenían mayores aumentos de la frecuencia cardíaca.
Además, registraron mayores incrementos de la presión arterial sistólica y diastólica, y mayor constricción de la arteria braquial.
“Inmediatamente después de fumar o vapear, se produjeron cambios preocupantes en la presión arterial, la frecuencia cardíaca, la variabilidad de la frecuencia cardíaca y el tono de los vasos sanguíneos (constricción)”, afirmó el autor principal del estudio, Matthew C. Tattersall.
En el segundo análisis se evaluó el rendimiento de los voluntarios en una prueba de esfuerzo y se observaron cuatro parámetros: equivalentes metabólicos (una medida de la capacidad de ejercicio); la carga de trabajo del corazón en los niveles de máximo ejercicio; la diferencia entre la frecuencia cardíaca máxima estimada y la de reposo, y la recuperación de la frecuencia en 60 segundos.
Las personas que vapean y las que fuman cigarros tuvieron un desempeño significativamente peor en las cuatro medidas, en comparación con el grupo que no consume nicotina.
“El rendimiento en el ejercicio de los que vapeaban no era significativamente diferente al de las personas que consumían cigarros de combustible, a pesar de que habían vapeado durante menos años que las personas que fumaban y eran mucho más jóvenes”, resume Christina M. Hughey.
El tercer estudio, liderado por la Universidad de Boston, se centró en los cigarros electrónicos con sistemas de cápsulas —sabores—, muy populares entre jóvenes.
Concluye que su uso puede conducir a la exposición de compuestos orgánicos volátiles (COV), los cuales pueden afectar negativamente la salud cardiovascular, de manera similar a fumar cigarros tradicionales.
Los COV son un amplio grupo de gases que se encuentran en muchos artículos comunes, como los productos de limpieza, pintura, gases de escape de los vehículos y pesticidas.
Participaron 106 adultos de entre 18 y 45 años y los resultados revelaron cambios en la salud de los vasos sanguíneos similares a los de los fumadores de cigarros tradicionales.
Se constataron niveles elevados de COV en los usuarios de ambos métodos, que se asociaron con cambios en las medidas de salud vascular: “Estos resultados indican que los cigarros electrónicos liberan sustancias químicas que son tóxicas para los vasos sanguíneos”, dijo Sana Majid, becaria posdoctoral en biología vascular en la Facultad de Medicina de la Universidad de Boston.
