NUEVA YORK (HealthDay News).— Un nuevo estudio advierte que una infección por Covid-19 podría embotar el sentido del olfato por años, incluso sin que las personas lo noten de inmediato.
En la investigación, publicada en “JAMA Network Open”, se encontró que “4 de cada 5 personas que informaron que el Covid había alterado su sentido del olfato aún obtuvieron puntajes bajos en una prueba clínica de olores dos años después”.
Lo sorprendente es que incluso entre quienes no notaron ningún problema “dos tercios de los pacientes con Covid obtuvieron una puntuación anormalmente baja en la prueba”, señalaron los investigadores.
La coinvestigadora principal, doctora Leora Horwitz, explicó: “Nuestros hallazgos confirman que los que tienen antecedentes de Covid-19 podrían estar especialmente en riesgo de un sentido del olfato debilitado”.
La pérdida o disminución del olfato no es un asunto menor, ya que puede afectar la calidad de vida. “Los que no pueden oler tampoco podrían detectar peligros como alimentos en mal estado, fugas de gas o humo”, recordaron los especialistas.
Además, un olfato afectado puede ser una señal temprana de trastornos neurológicos como parkinson o alzhéimer, lo que refuerza la necesidad de atención médica. El estudio incluyó a 3,525 personas, 2,956 de ellas habían tenido Covid-19.
“Estos resultados sugieren que los proveedores de salud deben considerar las pruebas de pérdida del olfato como parte de la atención posterior a el Covid”, dijo la doctora Horwitz.
Por ahora, las investigaciones buscan terapias para recuperar el olfato, como la vitamina A o entrenamientos cerebrales.
“Comprender las causas exactas del impacto del virus ayudará a mejorar estas terapias”, añadió.
Los especialistas también advirtieron que este hallazgo debe considerarse un recordatorio de los efectos a largo plazo de la pandemia. “Aunque muchos crean que ya superaron el Covid, los resultados muestran que el virus sigue dejando huellas invisibles”, subrayaron los investigadores.
Insistieron en la importancia de no minimizar los cambios sensoriales tras la enfermedad. “Un olfato debilitado puede parecer trivial, pero tiene implicaciones serias para la salud física y emocional de las personas”, concluyó Horwitz.
