Oliver Staub podría deshacerse de su collarín dentro de seis meses
Oliver Staub podría deshacerse de su collarín dentro de seis meses

NUEVA YORK (HealthDay News).— Oliver Staub, un niño alemán de dos años de edad, estaba recostado en una cama de hospital en Ciudad de México esperando la muerte. Un automóvil blindado que iba a 70 kilómetros por hora chocó contra la camioneta de su familia en unas vacaciones en México. El accidente desconectó la cabeza de Oliver de su columna y causó la separación de su médula espinal.

Los médicos dijeron a sus padres que el niño tenía el cuello roto, estaba cuadripléjico, presentaba muerte cerebral y que fallecería en cuestión de días.

Pero para mediados de octubre pasado, Oliver ya hablaba, reía, movía los dedos de las manos y los pies y empezaba a respirar por sí mismo, gracias a cirugías realizadas en el Hospital Infantil Comer Medicine de la Universidad de Chicago.

Estas operaciones fusionaron el cuello roto de Oliver y le volvieron a implantar la médula espinal.

“¿Ver a alguien sobrevivir a una herida así? Nunca se ha informado nada parecido en neurocirugía o lesiones medulares”, admitió el doctor Mohamad Bydon, presidente de cirugía neurológica en UChicago Medicine.

“No pensábamos que alguna vez podría moverse, y ahora mueve las cuatro extremidades”, añadió. “Este es un caso único y especial. Está más allá de nuestras expectativas más salvajes”.

Mientras Oliver yacía en la cama de hospital en Ciudad de México tras el accidente del 17 de abril, con todos esperando su muerte, el niño empezó a mostrar signos de recuperación. Sus padres, Stefan y Laura, se dieron cuenta de que sus ojos los seguían cuando estaban en la habitación. Sus médicos coincidieron en que eso era un signo de función cerebral y mantuvieron encendido su ventilador vital.

“Fue en ese momento cuando pensé: ‘Tenemos una razón para luchar’”, recordó Laura Staub. “Mi hijo estaba allí”.

Después de recuperarse todo lo que pudo, Oliver fue trasladado a casa de sus abuelos, a horas de distancia, cerca de Morelia. Llevaba un collarín y un chaleco para estabilizar su cabeza, que permanecía desconectada de su cuerpo a través de la columna o la médula espinal.

Oliver sobrevivió dos meses allí, con sus padres y una enfermera diurna revisando su ventilador.

Bydon subrayó que este caso es asombroso y es poco probable que alguien con el cuello roto y la médula espinal seccionada pueda sobrevivir, mucho menos bajo cuidado domiciliario de sus padres.

“Si los padres y cuidadores de Oliver hubieran cometido un solo error en esos dos meses podría haber resultado en la muerte”, agregó. Buscando posibles tratamientos para Oliver, sus padres contactaron con Bydon al enterarse de su innovadora investigación en terapia con células madre. La mayoría de los médicos les había dicho que la cirugía y el viaje serían demasiado arriesgados, pero Bydon pensó que el hecho de que Oliver hubiera sobrevivido tanto tiempo le daba cierta esperanza.

“Nunca deberías descartar a un niño de dos años. Pueden sorprenderte”, manifestó Bydon. “Pero requeriría un equipo multidisciplinario complejo y es ahí donde la Universidad de Chicago podía ayudar”.

Para pagar el viaje y la cirugía, los Staub contactaron con la Fundación Toni Kroos, una organización sin fines de lucro creada por el exfutbolista alemán para ayudar a niños gravemente enfermos. La organización accedió a cubrir el costo de la operación y el traslado.

“Lloramos y lloramos. No lo podíamos creer”, confesó Laura. “Nada de esto habría sido posible sin Toni Kroos”.

Oliver pronto se convirtió en tendencia en Alemania. Desconocidos de todo el mundo organizaron recaudaciones de fondos y vigilias de oración, enviando donativos para sus gastos médicos y palabras de ánimo.

Un avión médico llevó a Oliver a Chicago en julio. La primera cirugía reconstruyó la columna, reparó la médula espinal y usó varillas y tornillos de titanio para unir la parte posterior de la cabeza a la columna.

Una segunda intervención, dos días después, estabilizó la parte frontal de la médula espinal y reparó una hernia medular.

Fueron cirugías arriesgadas para una persona de dos años, admitió Bydon. Un niño pequeño no tolera la pérdida de sangre.

“Esos primeros días tras las operaciones fueron angustiantes”, afirmó Bydon. “Su corazón se detuvo en un momento y tuvo hinchazón en el cerebro”.

Pero en cinco días Oliver sonrió por primera vez desde el accidente. Un mes después pudo tomar la mano de su madre, apartar a alguien y reconocer la sensación de que necesitaba orinar.

Lo más impresionante es que ahora Oliver puede respirar por sí mismo, manifestó Bydon. “Sabemos que la columna vertebral se está comunicando de nuevo con el cerebro y el cuerpo”.

Oliver salió del hospital de Chicago el 15 de agosto. Su familia planea mudarse permanentemente a México para vivir cerca de la familia de Laura. Los médicos esperan que en seis meses el niño pueda quitarse el collarín.

Los Staub planean regresar a Chicago esta próxima primavera. Bydon ha solicitado una aprobación especial de la Administración de Alimentos y Fármacos de Estados Unidos para utilizar terapia con células madre y mejorar la función física de Oliver, como parte de ensayos clínicos en curso.

“No nos prometió un milagro”, dijo Laura sobre Bydon, “pero lo hizo”.

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