Foto: Megamedia

AKIL.— Esta comunidad es muy conocida por su culto y devoción a Santa Inés, virgen y mártir en el santoral católico, pero los orígenes de esta veneración se pierden los siglos pasados.

Aunque actualmente Akil significa “Lugar de bejucos”, a mediados del siglo pasado los estudios lingüísticos de Domingo Martínez Paredes expusieron: “Akil… también puede ser Aak, Tierno, no maduro, y diría: Lugar de lo no maduro o tierno”.

Probablemente en esa primitiva metáfora de lo no maduro es que pusieran a una doncella virgen y mártir como patrona del pueblo, cuyo significado prevalecía como algo aún verde, de viva y virgen, de mártir y santa.

Solamente fueron dos iglesias de pueblos las que tuvieron en la primera evangelización a Santa Inés: Akil y Dzitás. Y en ambas comunidades se ha conservado su patrocinio.

En Akil se tornó por fiesta del pueblo y en Dzitás se conserva hasta ahora una peculiar danza en su honor.

Como parte del sincretismo religioso imperante en ambos pueblos, a la santa se le hace portar el terno de mestiza yucateca.

Aún se conserva la imagen de Santa Inés con esos rasgos de imagen sacra, probablemente del siglo XVII.

Traje de gala

Es devoción de los vecinos ataviarla con el terno como traje máximo de gala para su fiesta en este mes.

A lo largo de siglos la devoción a Santa Inés se ha consolidado y es de lo más distintivo de este próspero municipio yucateco.

La imagen de Santa Inés fue encontrada en un pozo por campesinos en la colonia Benito Juárez y desde hace varias décadas le realizan una fiesta tradicional, la más importante de la población.

Los campesinos bajaron una bolsa de cuero a un pozo para sacar agua, pero la oquedad estaba seca. Entonces los vecinos se organizaron y acordaron bajar hasta el fondo del pozo para limpiar los escombros y destapar las venas de agua dulce, pero se llevaron una gran sorpresa cuando se encontraron con una escultura desconocida, pues no sabían su nombre.

Con mucho cuidado fue sacada del pozo la imagen, que causó conmoción, temor e incredulidad, aunque no faltaron quienes exclamaron que era un milagro.

En procesión solemne los pobladores, en compañía de misioneros franciscanos de conventos cercanos, llevaron la estatua a la iglesia, donde se le empezó a venerar con el nombre de Santa Inés.

Sin embargo, un día la imagen desapareció de la iglesia, sin que nadie pueda explicar qué sucedió.

Vecinos bajaron al pozo y se llevaron una gran sorpresa ya que en el fondo estaba la misma estatua que conocían como Santa Inés.

Se dice que los pobladores de aquel tiempo se arrodillaron y emitieron plegarias y cánticos en su honor, por el milagro de haberla encontrado en el mismo lugar.

Entonces nuevamente llenos de fervor la condujeron hasta el nicho que desde su primer descubrimiento tenía en la iglesia, convirtiéndose así en la patrona del pueblo.

Tiempo después, en el lugar donde está el pozo se construyó la primera capilla, que hoy conocemos como “Las Tres Cruces”, en la colonia mencionada.— J.B.C.