Rigoberto Ariel Sosa Méndez muestra su identificación de Sepomex

En medio siglo, en Progreso cae el reparto de misivas

PROGRESO.— Hace medio siglo, había tres carteros, se repartían unas 900 cartas diariamente en las tres zonas en que estaba dividida la ciudad se contaba con cinco buzones públicos y, además de la oficina de Correos, en tres tiendas se vendían estampillas, recuerda Rigoberto Ariel Sosa Méndez, quien fue cartero y administrador de la oficina del Servicio Postal Mexicano (Sepomex).

Actualmente, también hay tres carteros, pero se distribuyen unas 50 misivas al mes, más cientos de sobres recibos de bancos y Telmex, y solo hay un buzón, que está en la oficina de Sepomex.

Sosa Méndez, “Quesito” como lo conocen en el puerto, está jubilado de Sepomex y ahora se desempeña como jefe de la oficina costera del Instituto de Vivienda de Yucatán (IVEY); fue también regidor secretario de la Comuna 2001-2003.

Relata que inició su carrera en Correos Mexicanos, antecesor de Sepomex; ingresó el 15 de octubre de 1973, contratado como conductor.

Pero al día siguiente, al comenzar a trabajar, el entonces jefe de transporte de la oficina de Correos, Feliciano Aguilar y Maldonado, le entregó una escoba para que labore como intendente.

“Lo importante era que ya tenía trabajo”, expresa.

Narra que su papá, Rigoberto Sosa Novelo, le pidió a Raúl Bobadilla y Peña, administrador de la Aduana Marítima, que hable con su hermano Julio, quien era oficial mayor de la SCT, de la cual dependía Correos, y así obtuvo el trabajo.

Cuando Sosa Méndez entró a Correos, en 1973, el administrador era Santiago Martínez Acosta; en 1985 nombraron a Anselmo Dib Elías, quien ocupó el puesto hasta que se jubiló en 1998; después a Alberto Rebolledo Alvarado, y en el año 2000 Sosa Méndez pasó de administrativo a administrador, cargo que dejó al ser edil secretario de la Comuna.

En 1973, Correos ocupaba un local de la calle 80 entre 29 y 31, pues el primer edificio donde se estableció, en la calle 31 entre 78 y 80 (donde se ubica ahora) estaba en ruinas y lo demolieron para construir otro que albergue a Correos y Telégrafos Mexicanos, que también estaba en otro lugar.

Sosa Méndez recuerda que cinco años fue conductor, en el muelle fiscal recolectaba las valijas con productos y mensajería que llegaban en barcos de Nueva Orleans y Miami, Florida, con destino a Chetumal y Cancún.

También recolectaba las cartas que se depositaban en los cinco buzones: uno en la calle 29 entre 80 y 82, otro en la entrada de Correos, uno más en la tienda “Bueno Aires”, propiedad de Belisario Montero y Lavadores y ubicada en la calle 27 con 66; otro en “El Centenario”, de Francisco Burgos, calle 29 con 74, y otro en la tienda de Juan Patrón en los Portales de la calle 27.

En los tres últimos comercios mencionados se vendían también timbres postales.

Sosa Méndez precisa que fue cartero ocho años, eran tres carteros en total, andaban en bicicleta, se tenía dividida la ciudad en tres zonas, Centro, Oriente y Poniente, y cada uno repartía unas 300 cartas y recibos de teléfonos y bancos.

La oficina de Correos laboraba de lunes a viernes, con dos turnos: el primero, de 7 a 13 horas y el otro, de 1 de la tarde a 7 de la noche. Los sábados había guardia.

Los timbres postales tenían precio de 40 centavos, el ordinario para Yucatán, y de $1.80, el aéreo.

El actual edificio, que también alberga a Telégrafos, funciona desde 1978, pero la oficina de Correos se estableció en este puerto durante la época de la Revolución; la fecha exacta no la recuerdan Sosa Méndez y el hoy administrador, Carlos Gabriel Gómez Sandoval.— G.T.V. gabino.tzec@megamedia.com.mx

 

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