Intenso combate del barco “Koba” en la Sonda de Campeche
PROGRESO.— El buque motor “Koba” estaba atracado en el lado poniente del muelle fiscal. Tenía un cargamento de trigo para surtir a la industria yucateca, cuando por radio se recibieron los primeros avisos de la amenaza del huracán “Gilberto” que se aproximaba a las islas caribeñas y se enfilaba rumbo a la Península de Yucatán.
El “Koba”, propiedad de la naviera yucateca Transportación Marítima Peninsular, estaba al mando del entonces piloto naval Bernardo Crespo Silva, originario de Jamiltepec, Oaxaca. Tenía 27 años de edad.
El buque no podía permanecer atracado en el muelle, porque sería destrozado por las embravecidas olas, así que el lunes 12 de septiembre de 1988, Bernardo Crespo, quien tiene el título de Capitán de Altura e Ingeniero Geógrafo e Hidrógrafo, y en la actualidad es Capitán Regional de Puerto de Progreso, reunió a su tripulación, le dijo que “Gilberto” azotaría las costas de Yu catán y que el “Koba” saldría a capear al ciclón.
En la memoria del capitán Crespo se mantienen los recuerdos de aquel septiembre de 1988 cuando el viejo “Koba” se enfrentó a la furia del ciclón. Fue una desigual lucha entre esa embarcación de casco de acero que en la inmensidad del mar parecía un coco zarandeado por los vientos de más de 200 kilómetros por hora y olas de 16 pies.
Bernardo Crespo, quien hace 30 años estaba soltero, explicó a la tripulación los peligros a que se enfrentarían en alta mar, de modo que no era obligación embarcarse para salvar el navío, su fuente de sustento familiar, así que preguntó quiénes podían viajar: la respuesta fue “todos”, así que procedieron a avituallarse con lo necesario para capear a “Gilberto”, que sería catalogado como el huracán del siglo, pues alcanzó vientos de más de 250 kilómetros por hora.
El martes 13 de septiembre de 1988, el “Koba” al mando de Crespo Silva zarpó rumbo a la Sonda de Campeche en busca de refugio y capear al ciclón.
La encomienda era salvar el buque. Los tripulantes y el mismo Crespo Silva no sabían a qué se enfrentarían en alta mar, pero estaban conscientes de que sus vidas estaban en peligro. No sabían si regresarían, el mar podría ser su tumba como lo ha sido de cientos de osados marineros.
Por radio, cuando zarpaban del muelle fiscal, se escuchó la voz de Gilberto Andrade Castro, capitán de Puerto, quien ordenaba dar marcha atrás a la aventura con la advertencia que al piloto naval Crespo Silva le cancelarían su licencia para estar al mando de buques. “Pero la decisión estaba tomada”, recuerda el capitán Bernardo Crespo, “no hubo marcha atrás, salvaríamos al ‘Koba’”.
La tripulación estuvo formada por José Díaz Romero, primer oficial de cubierta; Rubén Sarabia Cetina, jefe de máquinas; Miguel Campos Sosa, primer maquinista; Wilbert Allen García, mecánico; Fidencio Vázquez López, Santiago Parra, Julio César Botello Palma y Víctor Zamora Barrios, timoneles. También Luis Cantú Llamas, Belizario Estrada Hernández, Jesús Collí Manzano y Roberto Lugo Trujillo, ayudantes de máquinas. Javier Aguilar Pérez, Miguel Lavadores y Gaspar Vera Camargo, marineros. Rubén Díaz Suárez, Jorge Pasos Cortes y José Guzmán Suárez, cocinero y camareros y el perro “Pirata”, que era la mascota.
La lucha entre “David y Goliat” (el “Koba” y “Gilberto”) fueron de dos días, 14 y 15 de septiembre, en medio de la Sonda de Campeche a poco más de 100 millas al poniente de Progreso, recuerda el capitán Crespo Silva, “fue titánica, inexplicable, los pocos minutos que la tripulación tuvo para meditar al ver como las olas sepultaban al buque, fueron para rezar y pensar en sus familias, esposas, hijos y papás, de cómo lo estarían pasando en tierra donde el huracán destruía viviendas y arrasaba la costa”.
“Mis papás estaban en mi natal Jamiltepec, Oaxaca, ignoraban que estaba en peligro, soy católico, me encomendé a Dios, pedí por la tripulación y el “Koba”, estaba soltero, no tenía hijos, pero los demás tripulantes si tenían familia, así que a pesar del miedo natural que se siente en medio de los vientos y embravecidas olas, mostré fortaleza para dar ánimo a los tripulantes, no podía flaquear. La tripulación, respondió, no durmió durante tres días, que fueron los más largos que se hayan vivido”, recordó.
El “Koba” arribó a la Sonda de Campeche en la madrugada del miércoles 14 de septiembre, ya se sentían los embates del ciclón, el anemómetro, que mide la velocidad del viento, quedó loco, la aguja se movía con rapidez, alcanzó los 120 kilómetros por hora. Por radio, se escuchó que el ciclón presentaba vientos de hasta 200 kilómetros por hora.
Fue entonces, recordó Bernardo Crespo, cuando comenzó la batalla. , “Gilberto” lanzaba chorros de agua con las violentas olas que por momentos sepultaban al “Koba”, la intensa lluvia impedía ver, los vientos zarandearon al barco, pero la experimentada tripulación, en la que cada uno hizo la parte que le correspondía, logró capear el temporal.
Los vientos y marejadas rompieron los cristales del puente de mando ubicado en la proa, los equipos volaron, se perdieron las cartas de navegación, se dañó el radio y el buque quedó incomunicado con tierra. Temían que se inundara las máquinas y entonces sería fatal, pero los encargados hicieron una gran tarea. Al amainar la furia del ciclón, Crespo Silva por medio de radios portátiles logró comunicarse con el buque “Contoy” al mando del capitán Carrión Pérez.
A las 2:30 horas del viernes 16 septiembre, el “Koba” arribó frente las costas de Progreso, el cargamento y toda la tripulación a salvo. Dieron gracias a Dios: “lo logramos”, exclamaron todos.
El “Koba” que se enfrentó a la furia de “Gilberto”, sucumbió meses después en aguas del Golfo de México, naufragó en medio de un norte, se partió en dos, se fue a pique, y yace en el fondo del mar. De su tripulación solamente ha fallecido el ayudante de cocina Rubén Díaz, quien estuvo en el barco cuando llegó “Gilberto”.— JOSÉ GABINO TZEC VALLE
El capitán Crespo, quien se define como hombre de mar, se casó con una progreseña, tiene tres hijos, uno de ellos Jamil Damián, siguió sus pasos, cursó también la carrera de marino mercante en la escuela Náutica de Veracruz, es piloto naval, y navega en buques para ser capitán de marina y luego capitán de altura, como su progenitor.
Bernardo Crespo, tras el desembarco de “Gilberto”, inició su carrera en las Capitanías, en puertos del Pacífico y Golfo de México; ahora es el titular de la Capitanía Regional de Puertos de Progreso. Desde fines de agosto participa en un diplomado de Autoridad Marítima Internacional que se imparte en el Centro de Estudios Navales de la Secretaría de Marina-Armada de México, donde también de 2011 a 2012 cursó la maestría de Seguridad Nacional.
Cuenta con cinco cédulas profesionales, piloto naval, capitán de marina, capitán de altura, ingeniero geógrafo hidrógrafo, maestría en seguridad nacional. Ha viajado por distintos países de Asia, Europa, África y América. También ha recibido varios reconocimientos por su desempeño como “marino ejemplar” que le confirió la Escuela Náutica de Veracruz, y de otras instituciones nacionales e internacionales.
