Piden al alcalde cambios en la organización
El antropólogo social y arqueólogo Jaime Garduño Argueta, quien se declara “hijo adoptivo” de Teabo, dirige un escrito a las autoridades de esa villa encabezada por Fabiola Loeza Novelo, y a las anteriores que presidió Daniel Puc Naal y dice, entre otras cosas, lo siguiente:
“Con profunda indignación me dirijo con el propósito de hacerle saber las anomalías que desde el punto de vista de quien escribe, sucedieron en la vaquería que se celebró el 29 de abril de 2018 en Teabo.
Quien esto escribe, Jaime Garduño Argueta (Antropólogo Social y Arqueólogo), es hijo adoptivo de esta villa, ya que se encuentra casado con una de las flores más bellas de esta comunidad: Miriam del Carmen Sansores Salas, quien es hija de Doña Olinda Salas y Manuel Sansores, Don “Chito”, ambos ya fallecidos.
El Antropólogo Social y Arqueólogo Jaime Garduño Argueta conoce este lugar desde 1983 cuando siendo estudiante de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) realizó trabajo de campo para elaborar una tesis profesional, y durante muchos años Jaime Garduño ha participado en las vaquerías de Noche y de Día.
Estas celebraciones como sabemos son de las más tradicionales que existen en la Península de Yucatán y que atraen a miles de personas de municipios aledaños, de entidades federativas de nuestra Nación y del extranjero. En la vaquería de Día, siempre se usó toda la plaza cívica, las sillas se colocaban alrededor de la plaza las cuales eran ocupadas por el pueblo en general.
Se hacía promoción para que las parejas de jaraneros se inscribieran al tradicional concurso de jarana. Mientras los concursantes se inscribían, la orquesta jaranera le daba duro a los instrumentos y todo el pueblo tenía la oportunidad de entrar a bailar: parejas integradas por gente mayor, jóvenes y hasta niños entraban a demostrar sus virtudes para el baile.
Varias horas transcurrían con este ambiente donde todo mundo se divertía, hasta que se iniciaba el concurso con las parejas. Sin embargo, el 29 de abril del año pasado, la organización fue diferente, como a continuación se especifica:
No se ocupó toda la plaza para el evento, sino poco menos de la mitad. Este detalle que los organizadores implementaron fue para que solo las parejas de jaraneros participantes pudieran bailar, dejando fuera a las parejas del pueblo que tradicionalmente bailan sin entrar en el concurso.
El espacio para bailar fue delimitado por unas delgadas cuerdas de henequén. El espacio para bailar nunca se había delimitado. El límite de siempre son las sillas que se colocan alrededor de la plaza. Este detalle discriminó a todas aquellas parejas que por costumbre entran a bailar pero sin la intención de inscribirse en el concurso. De este modo siempre había habido parejas de jaraneros integradas por padre e hija, por novios, por amigos, por conocidos o por desconocidos. En fin, se producía un gran ambiente porque era el pueblo el que participaba sin discriminar o menospreciar a nadie. Todo el mundo tenía el derecho a entrar a bailar, a divertirse, a gozar de la fiesta.
Pero en esta ocasión, por alguna razón que no se entiende, los organizadores decidieron no hacer partícipe al pueblo dela celebración, delimitaron el espacio para que solamente y de manera exclusiva bailaran las parejas que participarían en el concurso.
La Vaquería de Día del año pasado se convirtió en un evento elitista o exclusivo en donde única y exclusivamente participaron los concursantes. El pueblo en general, ahora sí que como se dice: ”Se quedó solamente mirando”. Al pueblo lo hicieron a un lado.
Vaquería de Teabo
El arqueólogo señaló que en una reunión con jaraneros, se habló sobre la organización.
Enojo
“Las parejas estaban enfurecidas por la organización de la vaquería. No se vale que las autoridades que organizan el evento tomen decisiones a espaldas del pueblo, porque la fiesta es del pueblo y para el pueblo”, explicó.
Llamado al alcalde
“Por lo tanto, presidente municipal de la villa de Teabo, le pido que la Vaquería de Día vuelva a ser organizada como siempre se había hecho, sin discriminar a nadie. Que esta bella y tradicional fiesta popular pueda ser gozada por todos. El espacio de la plaza central de la comunidad es público, es decir, pertenece al pueblo”, concluyó.
