Ofrenda por la participación en la Guerra de Castas
VALLADOLID.— El colectivo Pánfilo Novelo Martín, que preside Santiago Arellano Tuz, rindió ayer un homenaje y depositó una ofrenda floral en el monumento del héroe campesino Manuel Antonio Ay, en el parque de Santa Ana, donde hace 172 años, según la historia fue fusilado por su participación en la Guerra de Castas.
La cita de ayer por la mañana fue en una de las áreas verdes del parque del barrio de Santa Ana, en donde hay un monumento en honor a Ay, líder campesino que luchó por el sector en la Guerra de Castas.
Por cierto según parte de la historia, la capilla de Santa Ana, sirvió como refugio a los campesinos durante los enfrentamientos que sostenían, motivo por el cual cuando Manuel Antonio Ay fue apresado lo fusilaron en el parque de ese lugar.
Al homenaje habrían acudido unas 10 personas que forman parte del colectivo Pánfilo Novelo Martín, en la que el presidente, Santiago Arellano Tuz, dio lectura de la efemérides de ese acontecimiento histórico.
En su mensaje, Arellano Tuz dijo: “Hoy hemos hecho acto de presencia para honrar la memoria de este insigne precursor de la mayor rebelión maya en la historia de nuestra península. El 26 de julio de 1847, en este mismo barrio de Santa Ana, aconteció el asesinato vil de Manuel Antonio Ay, un hombre que contaba los 28 años de edad y nacido en la vecina población de Chichimilá.
El principio de este acontecimiento tiene que ver con la versión de una carta comprometedora que se le encontró a Manuel Antonio en el sombrero, cuando ya pasado de copas en una taberna de su natal Chichimilá, se le cayó y el juez de Paz de dicha población, de apellido Rajón se hizo de ella y posteriormente se la entregó al jefe político de Valladolid, José Eulogio Rosado.
Las crónicas de aquel tiempo permiten saber que el 18 de julio, medio centenar de soldados criollos entraron violentamente en la casa de Manuel Antonio. Delante de su familia, sin la menor consideración, lo golpearon y devastaron su hogar. Tras revolverlo todo encontraron una carta dirigida a Bonifacio Novelo, carta que si bien nada importante decía utilizaron como prueba para incriminarlo.
Se afirma que sin ninguna defensa, sin siquiera entender de lo que se le acusaba, torturado con violencia, Manuel Antonio se mantuvo en silencio, sin delatar el movimiento del que era parte. Cansados de su heroísmo, los “dzules” decidieron asesinarlo, lo que llevaron a cabo la tarde del 26 de julio de hace 172 años.— J.A.O.O.
