José Abraham May López

Celebran una vida de combatir fuego y salvar personas

Una mañana de hace 12 años el bombero José Arturo Pool Cahum hacía labores de rutina cuando a la estación llegó el aviso de que se quemaba una bodega de “Huacho Martín”. José Arturo y otros elementos subieron a los vehículos y con las sirenas encendidas se dirigieron al lugar del siniestro.

El incendio era enorme. Con su traje especial y su manguera, José Arturo se dio a la tarea de sofocar el fuego hasta que una marquesina del edificio se desprendió sepultándolos a él y a un compañero.

“Pensé que ya no iba a salir. Muchas cosas pasaron por mi mente: que iba a dejar a mi familia, que allí me iba a quedar, que era mi último día… Gracias a Dios vinieron otros compañeros que nos ayudaron a salir y gracias a Dios solo tuvimos algunas quemaduras”.

Ese accidente es lo más grave que a José Arturo le ha pasado en sus 30 años dentro de la División de Siniestros y Rescates de la Secretaría de Seguridad Pública, a la que ingresó a los 19 años.

Antes, José Arturo, originario de Maxcanú, trabajaba en una fábrica de cemento cuando vio pasar un carrotanque. “Me dije: Algún día yo estaré allí, y no pasó mucho cuando lo logré”.

José Arturo señala que ser bombero es un trabajo que va más allá de apagar y controlar incendios.

“Dentro de nuestra labor también está la de salvar las vidas de los ciudadanos; por ejemplo, en accidentes automovilísticos”.

En realidad, el trabajo del bombero abarca mucho más: incendios forestales, de bienes inmuebles, accidentes, inundaciones, desastres naturales, rescates en pozos y cenotes, control de abejas u otros animales, y accidentes viales, principalmente cuando alguna persona queda atrapada en el interior de un vehículo destrozado.

Precisamente, para reconocer su labor, en todo México cada 22 de agosto, desde 1951, se celebra el Día del Bombero; hasta entonces se celebraba el 1 de julio.

Se eligió el 22 de agosto para recordar que en esa fecha, pero de 1873, se creó el primer Cuerpo de Bomberos en Veracruz.

“Yo soy bombero porque es un trabajo bonito para salvar vidas y ayudar a la gente en incendios o accidentes”, dice José Abraham May López, vecino de Cacalchén.

José Abraham ingresó a la corporación el año pasado, luego de un período de labores en el Isstey.

Aunque reconoce que de niño jugaba a ser bombero, ya de grande no quedó dentro de sus planes; sin embargo, admite, el destino poco a poco lo fue llevando.

“Es un trabajo que me gusta mucho y en el que no dejas de aprender”, dice el joven, quien por el poco tiempo que lleva en la corporación aún no le ha tocado un siniestro de grandes dimensiones.

“He visto incendios estructurales y la intensidad del fuego me ha parecido impactante, tal vez porque soy nuevo, y apenas estoy iniciando en este camino, pues estoy seguro de que mis compañeros han visto cosas más difíciles”, expresa.

En efecto, en sus 30 años de servicio, a José Arturo Pool, quien actualmente está a cargo de la escalera telescópica de la Estación No. 7, le han tocado grandes incendios, como el de la bodega de la cervecería Superior y la de Huacho Martín, donde casi pierde la vida.

Otros siniestros que no olvida fueron los de una tlapalería y una tienda de abarrotes, por ser de sus primeros servicios.

También recuerda cuando rescató en Temozón a un joven que estrelló su auto con un poste. “Lo sacamos con vida y eso hace que te sientas bien, y digas que todo vale la pena”, dice orgulloso.

Pero más orgullo siente cuando resalta que gracias a su trabajo como bombero ha sacado adelante a su familia. “Gracias a Dios, ellos me apoyan siempre y por eso pude crecer a mis hijos que ya están grandes y con carrera”, afirma.

Y es que, dice, la labor del bombero requiere de mucho compromiso. “Yo no pude disfrutar a mi familia como quise, porque trabajaba 48 horas seguidas, y si nos íbamos a región allí hacíamos 10 días. Estaba más en el trabajo que con mi familia, pero gracias que ellos me apoyaron”, subraya.

José Abraham coincide en que el trabajo es muy complejo y que no puede decir si es más complicado un incendio o un rescate.

“Cada uno tiene su dificultad y, dependiendo de cada caso, hay que buscar una solución, así sea un rescate vertical o un incendio estructural. En el trabajo en sí no podemos especificar qué es más fácil o difícil”, dice el joven, quien para su fortuna no ha sufrido ningún accidente por su labor, aunque reconoce que ser bombero es un trabajo de riesgo y que en cada situación uno está expuesto a accidentes.

“Es arriesgado, es difícil, arriesgamos la vida, estamos propensos a sufrir accidentes o tener problemas”.

Por eso, dice, “para ser bomberos hay que tener mucho más que ganas. Hay que tener gusto por salvar, por enfrentarse a retos, por la adrenalina, hay que tener agallas”.— Iván Canul Ek

Celebración

Para reconocer la labor de los elementos del Cuerpo de Bomberos, desde 1951 en todo México cada 22 de agosto se celebra el Día del Bombero, fiesta que hasta entonces se celebraba el 1 de julio. Sin embargo, se eligió el 22 de agosto para recordar que en esa fecha, de 1873, se creó el primer cuerpo del ramo en Veracruz.

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