Numerosas personas acuden en estos días a dejar presentables las tumbas de sus parientes finados en los cementerios de Tizimín

Sepultureros son testigos de eventos que “erizan la piel”

TIZIMÍN.— Los panteones municipales son fuente de relatos que reviven en estos días dedicados a los fieles difuntos y cuyos custodios son los sepultureros que no dudan en compartirlos con quien los quiera escuchar.

Entre esos relatos están los de supuestos lamentos que se oyen dentro de los camposantos que “llegan a erizar la piel” a los trabajadores durante su jornada laboral.

Mario Díaz Maas lleva como sepulturero ocho años y cuenta que durante sus recorridos en sus labores de limpieza le ha tocado escuchar a personas llorando.

El trabajador dice que le ha tocado oír llantos inconsolables y que en su desesperación trata de ubicar el origen del lamento y si es real, pero al final se da cuenta que “son ánimas en pena de deambulan por el cementerio”.

Entre varias de las anécdotas que dice que ha vivido, está una de hace algunos años en el cementerio antiguo, cuando una tarde vio llegar a una mujer “muy bonita y con sonrisa angelical” al panteón.

“Estaba tomando un refresco en la puerta con un compañero y vimos que esa muchacha entre sonriendo y nos pareció atractiva; pasó el tiempo y vimos que no salía así que entramos para ver si requería información o necesitaba algo. Después de varios minutos comenzamos a buscar y nos dimos cuenta que no había nadie, lo extraño es que ese panteón solo tiene una entrada y en ningún momento vimos que salga”, dice.

“Lo más curioso que al día siguiente, un 10 de mayo, fue sepultada una joven de 25 años de edad, ese día sentí escalofríos” expresa.

En otra ocasión recuerda que en el panteón Jardín de la Paz o mejor conocido como “el cementerio nuevo”, le tocó quedarse de noche para esperar la entrega de material de construcción.

Como ya estaba por retirarse lavaba sus herramientas de trabajo cuando de pronto comenzó a escuchar como que estén aporreando algo.

En ese momento dice que se le enchinó la piel y salió corriendo dejando todas las herramientas, desde entonces evita quedarse muy tarde.

El hombre comenta que en el panteón así como se oyen lamentos de dolor también hay “mal aire”, como en ocasiones le ha tocado que al exhumar los restos áridos le dan fuertes dolores de cabeza que luego controla con ruda y alcohol.

Al respecto, dice que hay personas que han sepultado en el cementerio y que murieron por alguna maldad que les provocaron, y es eso lo que hace que se quede el “mal aire” en el lugar, además que hay personas que se dedican a la brujería y que dejan sus utensilios dentro de panteón como parte de sus trabajos.

El trabajador indica que en el panteón se han hallado incluso imágenes de la santa muerte que algunas personas dejan.

Una vivencia que dice que le conmovió fue de un señor que entró con su hija de 4 años y como juego la metió en una fosa que recién se desocupó; al poco rato la niña comenzó a vomitar por lo que cree que cargó un “mal aire” pues “con eso no se juega”.

Entre quienes oyen sus historias está la gente que acude en estos días a limpiar tumbas de sus difuntos, aunque algunas continúan abandonadas.— WENDY UCÁN CHAN

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