Jóvenes estudiantes cuidan la imagen de la Virgen de Guadalupe en una procesión realizada ayer en Tizimín que culminó en la parroquia dedicada a la Emperatriz de América . Foto: Megamedia

Peregrinos llegan y se integran alas celebraciones

Santuarios guadalupanos fueron ayer un hervidero de gente al sumarse los peregrinos a los devotos que acudieron a rendirle honores a la Emperatriz de América.

El ulular de las sirenas se fueron acallando en tanto más voces se sumaban a cantos como “desde el cielo una hermosa mañana, la Guadalupana, la Guadalupana, la Guadalupana bajó al Tepeyac…”.

En Tizimín, grupos de antorchistas entraban y salían de la parroquia de la Virgen de Guadalupe, voluntarios y personas altruistas ofrecían desde arroz con leche, café y pan, así como antojitos y raciones de comida a los peregrinos.

El párroco Fermín Rigoberto Nah Chi indicó que desde que comenzaron las peregrinaciones la Virgen no se quedó sola, pues de día y noche entraban y salían devotos pues la fe los invita a regresar.

En Progreso, trabajadores portuarios conocidos como “Los Barraganes” cumplieron 78 años de hacer su peregrinación guadalupana.

En Cansahcab, José Isidro Poot, quien salió de la Basílica de la Ciudad de México el 25 de septiembre, fue recibido con abrazos por vecinos de la comisaría de Santa María.

En la cabecera, Cansahcab, cientos de personas de distintas edades formaron una valla humana de más de dos kilómetros para darle la bienvenida al hombre que caminó unos 1,400 kilómetros con imágenes a cuestas que al final pesaron más de 40 kilos.

En Peto, ayer por la mañana se ofició una misa en la capilla ubicada en la colonia Esperanza.

El párroco Jorge Óscar Herrera Vargas destacó la participación de familias; durante la celebración, los niños recibieron la bendición.— Megamedia

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