PROGRESO.- El primer domingo de la temporada de vacaciones de verano 2021, el puerto de Progreso reflejó un panorama de contrastes: el kilómetro de malecón turístico estuvo bajo vigilancia policiaca y sin gente, pero sus costados estuvieron atiborrados de bañistas.
Cierre de malecones
Las autoridades de salud determinaron el cierre del malecón tradicional e internacional de Progreso los sábados y domingos, a partir del 1 de julio pasado, por el aumento de los indicadores de contagios de Covid.
A partir de esa fecha, como publicamos, hay una prohibición de acceder a las playas de este tramo del malecón, pero los restaurantes, comercios y tiendas de artesanías funcionan en sus horarios y aforos acostumbrados.
Lo que se vio hoy en la zona del malecón es gente que caminó el kilómetro de la zona turística del puerto de Progreso, numerosas embarcaciones de recreo que tienen autorización para el paseo en el mar como: yates, motos acuáticas, veleros, lanchas y otras formas de paseo en el mar y personas que fueron al puerto para disfrutar de los servicios de restaurantes con vista al mar.
Hubo restaurantes del malecón que tuvieron una buena afluencia de clientes durante el día, otros con entrada regular y otros más que de plano no tuvieron la suficiente clientela para sacar el gasto del día. En contraste, dos restaurantes, que están a unos metros fuera de la zona del malecón rumbo a Chicxulub Puerto, estuvieron llenos y la playa pública se inundó de bañistas, al igual que la parte costera de Chelem.
Diferente afluencia en el puerto
Fue muy notoria la diferencia de la afluencia en Progreso. La playa del malecón que en temporadas de vacaciones de verano alberga de 20,000 a 50,000 personas estuvo solitaria durante el día. Las palapas que siempre están llenas de clientes estuvieron desocupadas, la extensa playa donde se improvisan sombrillas playeras con costo de $350 por día y camastros con alquiler de $250 no hubo.
La playa lució impecable, con arena blanca y limpia, el mar azulado con aguas tranquilas y libres de personas. Sin embargo, pasando los límites del malecón, tanto del inicio como del final del corredor turístico, la situación fue muy distinta porque la gente lo llenó para pasar unas horas de entretenimiento en pareja o en familia.
Urgen medidas “inteligentes”
Una gerente de un restaurante del malecón y un visitante que vieron el contrate consideraron que se necesitan medidas inteligentes para el control de la afluencia a la playa, para frenar los contagios y para que los negocios turísticos no resulten severamente afectados con el cierre de la playa.
“Nos está afectando mucho este cierre”, lamentó Shanti Sosa, gerente de un restaurante del malecón. “Llevamos mucho tiempo con temporadas bajas por el Covid, esperábamos un poco más de recuperación en esta temporada, pero nos trabaron en esta temporada fuerte. La gente no va a venir a Progreso, sabe que los otros puertos sí están abiertos y se van a disfrutar allí sin problemas”.
La ejecutiva reconoció que el malecón concentra mucha gente, pero si el gobierno quisiera ayudar a la reactivación turística y económica del puerto pudo haber implementado algún tipo de control para limitar la afluencia en la playa, tal como se hace en los conciertos musicales.
“Estaría bien que manejen la sana distancia en la playa, que las palapas tengan un límite de personas, que venga un poco de gente y no nos dejen sin nada de trabajo y de ingresos”, resaltó.
Shanti Sosa reconoció que la gente también tiene un poco de responsabilidad en la toma de estas medidas porque no cumple con los protocolos sanitarios.
“Hay personas que no lo entienden, tenemos que ver que cumplan con las normas sanitarias porque si no a nosotros nos sancionan y, además, esa falta de cultura orilla a las autoridades a cerrar establecimientos y la playa, no acatan las reglas”, indicó. “Los restaurantes del malecón estamos perdiendo, pero los de Chelem, Chicxulub, Chuburná, Telchac, Río Lagartos, y otros tienen gente a montones, los compañeros músicos que suelen venir a Progreso se están yendo a las playas donde va la gente”.
Por su parte, Cuauhtémoc López, quien llegó a la playa con su esposa y sus dos perritos, se instaló en la arena cercana a la plaza cívica donde estuvieron las letras coloridas de Progreso y pasó un par de horas tranquilas. Le llamó la atención que toda la playa del malecón estuviera sin personas y donde él se instaló estuviera atiborrada de bañistas y clientes de dos restaurantes que funcionan a unos metros donde termina el malecón tradicional.
“Me parece una medida bastante absurda, no me parece que tenga mucho sentido cerrar tanta playa y permitir que la gente se amontone en otra parte”, señaló.
Abierto a la circulación vehicular
El malecón de Progreso estuvo abierto a la circulación vehicular, el acceso a la playa se delimitó con vallas metálicas y cintas plásticas, en cada 300 metros se dispuso a policías municipales para que explicaran a quienes entraron por desconocimiento o para pasear que estaba prohibido por el Covid.
Todos los comercios, restaurantes, hoteles y locales de artesanías funcionaron, pero fue evidente que la movilidad humana fue muy baja en la zona del malecón y la derrama económica también fue acorde a la afluencia de personas.
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