Atrae la limpieza y vigilancia de la playa del malecón
La afluencia de visitantes aumentó ayer domingo en la playa del malecón de Progreso, pero no en las cantidades que tuvo antes de que fuera cerrado del 3 de julio al 5 de septiembre por la pandemia del Covid-19.
A todo lo largo de la playa del malecón se instalaron cientos de familias, parejas, turistas nacionales y muy pocos extranjeros.
Pero no se ocuparon todas las palapas, mesas con sombrillas y camastros que se rentan en la playa a $250, por dos horas, y a $350, todo el día; si el consumo de restaurante rebasa los $350, ya no cobra la renta de esos muebles.
Los visitantes disfrutaron del sol radiante, la brisa marina que amortiguó el sofocante calor y el mar fresco y color azul turquesa que, como dijo la turista mexiquense Maggy Velarde, “parece una gigantesca piscina” que invita a un chapuzón.
Sin lugar a dudas, la derrama económica en el malecón fue muy buena porque se vio un alto consumo en las mesas de playa.
La mayoría de los restaurantes frente al mar tuvo buena ocupación, pero unos tuvieron pocos clientes.
En las carpas de artesanías la gente compró ropa.
Los vendedores ambulantes de fruta picada, papagayos y juguetes de playa, como barcos de plástico, cubetas y palas también tuvieron clientela.
“Estamos maravillados con esta playa”, expresó Maggi Velarde, quien llegó de Naucalpan, Estado de México, para un paseo de fin de semana. “El calor, el clima, la comida, la gente es fascinante. Lo que más me impresiona es la vigilancia policíaca, las tres veces que he venido estoy muy contenta por esta tranquilidad que se goza. No vengo con la preocupación de que nos van a asaltar o nos va a pasar algo. Cuando llego a mi casa, siempre les digo a mis familiares o amigos: amo Mérida”.
La turista mexiquense y su familia se cobijaron bajo las palmeras recién plantadas en la playa Blue Flag y disfrutaron del mar.
Ella dijo que viene cada vez que puede, que ya visitó Sisal y otro puerto cuyo nombre no recordó, y que el malecón de Progreso le maravilla por la limpieza y la vigilancia policíaca que tiene.
Sisal
“Sisal está muy padre, tiene una playa muy ancha, la arena es más delgada y más blanca, pero la de Progreso me encanta”, reiteró.
“Lo que hicieron con el malecón (remozarlo y convertirlo en andador peatonal) me fascina, esta maravilloso; los restaurantes no están muy lejos, algunos son caros, pero hay otros más baratos, hay precios para todo tipo de clientes”.
Indicó que conoce la playa de Cancún, pero prefiere la de Progreso por el calor humano, la limpieza, la seguridad, los precios más bajos y la amabilidad de la gente.
“El mar de Progreso tiene un color diferente, es muy bonito ver un color esmeralda, agua cristalina, es un color perfecto, parece una alberca, puedes ver a los niños meterse al mar, no se alejan mucho y disfrutan, se pasa un día muy tranquilo aquí”, reiteró.
“Hasta los perritos se meten al mar sin problemas.
“Definitivamente, yo amo a Mérida porque está muy cerca de este puerto. En la mañana comimos una torta de lechón y la mitad de otra de cochinita, es delicioso, igual las marquesitas, nos encantan. Cuando probé los papadzules comimos una veintena, solo con pensarlo se me hace agua la boca”.
Afirmó que también le encantan los cenotes por su formación y por su agua fresca y cristalina, y cuando puede visita alguno.
“La verdad me encantaría vivir aquí, es un lugar perfecto, pero a mis hijas no les gustaría esta tranquilidad, están acostumbradas al ritmo de las grandes ciudades como México y el Estado de México.
Agregó que ella ya no teme vivir en la nueva normalidad por la pandemia en México porque considera que las personas son más conscientes, se cuidan y se alejan cuando ven algún riesgo.
Opinó que convivir en la playa es seguro porque es extensa como para respetar la sana distancia.
Dijo que, incluso, le extrañó que en plenas vacaciones de verano se haya cerrado el malecón y la playa de Progreso, porque siempre la gente buscará otros lugares donde disfrutar del mar.— Joaquín Chan Caamal
