Quejas por un supuesto acoso de las autoridades
VALLADOLID.— La reapertura de bares y cantinas ya comenzó: tras un año y ocho meses de estar cerrado debido a la pandemia, finalmente ayer abrió uno de los establecimientos tradicionales de la ciudad.
En esta nueva etapa, la cantina ofrecerá un servicio diferente, pues no habrá consumo en barra y se contará con un menú de alimentos, es decir funcionará como restaurante.
Enterado de esta reapertura, el propietario de un negocio similar que aún no abre comentó que ha detectado actos de corrupción en la Secretaría de Salud del gobierno estatal, pues los inspectores que se encargan de la vigilancia de los diferentes giros, tienen puestos los ojos en las cantinas, pero en el caso de los restaurantes disfrazados, toleran la presencia de mujeres a cambio de pagos para que se hagan de la “vista gorda”.
Como publicamos en su momento, durante un año y ocho meses se mantuvieron cerradas las cantinas debido a la pandemia, incluso luego de la autorización para la reactivación económica en la entidad, fueron los únicos giros que no se permitía su apertura como tales, aunque la Secretaría de Salud les dio la opción que lo hagan, pero como restaurantes y con diversas medidas de seguridad.
Debido a que las cantinas tradicionales que eran íconos de la ciudad perderían su esencia, los dueños no decidían abrir, hasta que la situación económica les complicó la vida, por lo que empezaron a realizar los trámites correspondientes para reactivarse.
Luego de tantos meses, finalmente ayer abrió sus puertas la cantina “La Joyita”, uno de los establecimientos emblemáticos de la ciudad con casi 60 años de existencia, luego de un año y ocho meses de estar cerrado, y ofrece un variado menú como restaurante, diferente al giro que tenía antes.
El propietario, Marco Antonio Escalante Mendoza, comentó que solo tiene cupo para unas 40 personas en el interior, debidamente sentadas, ya que no se permite a los clientes en la barra, mucho menos se venderán “misiles” o “caguamas” como antes, pues las normas de la Secretaría de Salud no lo permiten.
Otro propietario de una cantina que abriría en los próximos días comentó que la autorización de los cambios de giro de esos negocios da pie a actos de corrupción en la Secretaría de Salud, ya que los inspectores están vigilantes del funcionamiento de los negocios, es decir los tienen en la mira.
Mientras tanto permiten el funcionamiento de otros negocios que están disfrazados de restaurantes, pero que en realidad funcionan como verdaderas cantinas y con meseras en el interior.
Se presume que los dueños de esos negocios están pagando alrededor de $2,500 por cada mujer que emplean como mesera, igual que antes, incluso se hablaba de prostitución en esos lugares, pero nadie dice nada.
Mientras tanto, a las cantinas que están abriendo sus puertas pagan $5,000 mensuales a las autoridades estatales de salud, que aún no les dice hasta cuanto tiempo seguirán pagando esa cantidad.— J.A.O.O.
