HUNUCMÁ.— Numerosas personas asistieron a la misa del Día de los Fieles Difuntos que el párroco Cristian Francisco Uicab Tzab celebró ayer a las 10 de la mañana en la entrada del cementerio municipal de esta ciudad.

Al empezar la misa, el padre dijo que hoy (por ayer) recordamos y honramos a nuestros seres queridos que compartieron parte de su vida con nosotros.

“Una obra de misericordia espiritual es pedir por los difuntos, porque ellos llevan un proceso de purificación para que puedan encontrarse con el Señor”, agregó.

“Al final, todos vamos a pasar por ese proceso de purificación para llegar ante Dios, que es la pureza eterna y es un amor sin límites.

“Como seres humanos necesitamos purificarnos para cuando llegue el momento tener ese encuentro con Dios”, afirmó.

“Muchos le temen a la palabra purgatorio, pero todos tenemos que pasar por ahí. Purgatorio significa purificación, es un momento para purificarnos y llegar a Dios. Lo importante es que nuestros difuntos gocen de Dios. Solamente aquellos que tienen una buena muerte en el sentido de que están preparados, limpios de sus pecados, puedan pasar directamente con el Señor.

“De lo contrario, tenemos que pasar por el purgatorio y no tenerle miedo”, expresó.

“Es por ello que hay que pedir por la almas del purgatorio, por las almas olvidadas, aquellas por las que nadie reza. Eso es una obra de misericordia”, subrayó.

“Hoy los difuntos nos abren los ojos a los vivos y nos recuerdan que la vida por este mundo es efímera, es pasajera y la única certeza es que algún día nos tocará partir de este mundo, nadie se va a escapar de morir.

“Hay la incertidumbre de no saber cómo, cuándo y dónde, pero lo importante cuando llegue ese momento es que estemos los suficientemente preparados.

“Y que el Señor sea un juez misericordioso y bondadoso con nosotros y poderle presentar nuestra buenas obras, como las que leímos hoy en el Evangelio.

“Cuando lleguemos a su encuentro ahí no va a importar qué apellido teníamos o si tuviste un cargo importante, ya que al final todos somos iguales. Lo que va a importar es lo que hiciste para los demás y tus obras de misericordia”, afirmó.

También dijo que “pidamos consuelo para todas aquellas personas que están sufriendo la pérdida de un ser querido. A pesar que una muerte es dolorosa, en ocasiones los libera de dolor, de sufrimiento”, agregó.

Terminó su sermón con una frase de San Juan: “El que no ama está muerto”.

Tras la misa, el padre y sus ayudantes entraron al cementerio a bendecir tumbas. A la gente se le obsequió un vaso de chocolate y un pan.— María Inés Castilla Quintal

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