PROGRESO.— Adrián Sosa Sánchez, pescador y ejidatario de la comisaría Chelem, se esmera y empeña en conservar la tradición del Hanal Pixán, que él heredó de sus papás, ahora finados, y transmite a sus hijos y nietos.

De 75 años de edad, Sosa Sánchez heredó de sus papás, Filemón Sosa Sosa y Celestina Sánchez Campos, las tradiciones de honrar a los fieles difuntos y elaborar los pibes para ponerlos en las mesas de ofrendas para que las ánimas se lleven la gracia.

Según la creencia de sus antepasados, las ánimas se llevan el vapor que despiden los pibes que les ofrecen.

Sosa Sosa, apodado “Carranza” o “Don Chequera”, y su esposa, Celestina Sánchez, “Doña Chelita”, enseñaron a sus hijos e hijas a preparar el pib con carnes de pollo y puerco, espelón, manteca, masa, y a envolverlo con hojas de palma (ch’íit).

La familia hizo los pibes el martes 1 pasado.

De generación en generación

Sosa Sánchez, sus hijos y sus nietos prepararon una zanja donde colocaron piedras y leña; ya caliente pusieron 45 pibes y, encima, láminas y arena.

La tradición de los pibes enterrados es para recordar el sepelio de los difuntos y, al sacarlos, se evoca su retorno al mundo de los vivos para servirse del banquete que se les ofrece en las mesas.

Al abrir la zanja donde están enterrados los pibes, Sosa Sánchez y sus hijos hablan a sus papás, hermanos, esposa y demás parientes difuntos para que vengan a comer.

El primer pib lo colocan en la mesa y de nuevo los llaman para comer.