PROGRESO.– La bonanza que hay en el puerto ligada al desarrollo del último trienio comienza generar un fenómeno poco deseado: incentivar la mendicidad.

Lo anterior porque mujeres adultas y menores de edad procedentes de Chiapas que hablan en tzotzil y español, arriban todos los días a este puerto para pedir limosna, vender dulces en las calles y restaurantes del primer cuadro de la ciudad.

Los menores permanecen varias horas bajo el sol durante el día y sin probar alimentos, consumen refrescos y agua, mientras que las mujeres jóvenes con niños que llevan amarrados a la espalda con un rebozo piden limosna, a cambio ofrecen mazapanes que en la mayoría de los casos los conductores de los vehículos no les reciben, aunque les dan monedas.

Son por lo menos dos familias de las mismas características que desde diciembre llegan todos los días a este puerto, son mujeres y niños, que según se averiguó las traen de Mérida, no hay ningún varón con ellas. Se dividen para trabajar en la ciudad: una mujer con un niño recorre la zona comercial, vende cacahuates, palanquetas y dulces, a entre $15 y $20. La mujer lleva en la espalda a un bebé.

En otra zona del puerto, en la calle 78 con 31 donde está el primer semáforo, dos niños de entre 12 y 14 años de edad ofrecen mazapanes a cambio de una limosna, les acompaña una mujer joven con un bebé que lleva cargado en la espalda y recorre la arteria para pedir monedas.

Evitan dar información

Las mujeres evitan hablar, se tapan la cara y se esconden cuando les toman fotografías, los menores de edad hablan poco; entre ellos y con las mujeres que dicen son sus hermanas se comunican entre ellos en tzotzil, solo mencionan que son de Chiapas y que viven en Mérida de donde vienen todos los días para trabajar.

En la zona del malecón otras dos mujeres chiapanecas adultas venden prendas artesanales que supuestamente ellas mismas elaboran; tampoco revelan de qué parte de Chiapas provienen y dónde viven, son un poco temerosas para hablar y siempre mantienen la cabeza agachada.

En la esquina de la calle 78 con 29, hay un negocio de venta de flores que atienden tres chiapanecos, y son los principales proveedores de la iglesia parroquial. El establecimiento está cerrado, pues al parecer por las fiestas decembrinas los encargados viajaron a su tierra para estar con sus familiares.

 

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