PROGRESO.– Sin contar con los servicios básicos de agua potable, electricidad o sanitarios que se requieren para tener una vida digna, y sin espacios de esparcimiento para los niños, unas dos mil personas, en su mayoría originarias de Sabancuy, Isla Aguada y poblados de Tabasco, viven en una zona olvida, en “tierra de nadie”, de la comisaría de Flamboyanes donde invadieron terrenos de un particular.

En medio de las carencias de servicios públicos en las que viven, lo que distingue a las poco más de 400 familias que habitan al sur de Flamboyanes es la solidaridad, ya que de inmediato se organizaron para apoyar al joven matrimonio que perdió su vivienda y todas sus pertenencias en el incendio ocurrido el jueves por la mañana.

Muchas de esas familias llegaron atraídas por la bonanza pesquera, en especial en las temporadas de captura de pulpo. Unas se asentaron en la cabecera, donde viven más de 1,000 sabancuyeros , quienes han formado sus hogares en este puerto y ya están establecidos.

Tanto los sabancuyeros y de Isla Aguada, que viven en Flamboyanes no tienen casa propia: cuando llegaron al puerto rentaron viviendas, pero luego decidieron trasladarse a la comisaría de Flamboyanes donde numerosas familias, en su mayoría foráneas, invadieron terrenos con la esperanza en el futuro de comprar el lote.

Hubo familias que invadieron terrenos que pertenecen al Instituto de Vivienda de Yucatán y están pagando, pero la gran mayoría ocupa lotes de un particular, que dicen perteneció a Manuel Rodríguez Peón, y ahora son sus nietos los que están haciendo negocios con la propiedad.

Saraí de la Cruz Hernández y Gloria Hernández Osorio, originarias de Sabancuy, y Susana Damas Hernández, de la comunidad de Champa, Tabasco, señalan que en la zona sur de Flamboyanes, donde ocurrió el incendio, hay unas 400 familias asentadas desde hace seis años, son poco más de 2,000 personas entre niños, jóvenes y adultos, y hay familias de cuatro, seis o más integrantes.

Muchos además de la pesca encontraron trabajo en restaurantes del malecón, unos laboran como meseros o en las cocinas, otros laboran en comercios de esta ciudad, en construcciones, como alarifes y en empresas cercanas a Flamboyanes.

En Sabancuy no hay oportunidades de superación, explican los sabancuyeros, no hay trabajo, han llegado gringos y otros extranjeros, así que muchas familias dejaron sus casas y terrenos para trasladarse a este puerto y ante la falta de vivienda invadieron terrenos pedregosos donde construyeron sus casuchas de láminas de cartón, que forman un cordón de pobreza que recuerda la época en que la periferia de la ciénaga estuvo invadida por casuchas que fueron destruidas por el paso del huracán Gilberto en septiembre de 1988.

En la zona donde viven los sabancuyeros, tabasqueños y de Isla Aguada, así como algunos veracruzanos, no hay agua potable, a lo que Gloria Hernández dice que hay pozos donde sacan el líquido y eso les sirve.

Tampoco hay electricidad, “la noche se hizo para dormir y tenemos la luna”, remata Hernández Osorio y a falta de sanitarios, dice “está el monte”.

Las familias se dicen y se ven felices, todas están unidas aunque carezcan de los principales servicios, calles o más bien brechas que han abierto para que puedan pasar algunos en vehículos y otros en motocicletas.

La comisaría de Flamboyanes es también hogar de familias de poblados de Tabasco y Veracruz, principalmente de Alvarado, pero también de extranjeros, cubanos y hondureños. En ese asentamiento ha ocurrido de todo: asesinatos, suicidios, violaciones, vandalismo, pero también hay agrupaciones altruistas que llevan programas para ayudar en la reconstrucción del tejido social. Las 400 familias foráneas necesitan de apoyo para mejorar sus condiciones de vida, remarcan habitantes de esa comisaría.— GABINO TZEC VALLE

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