TIZIMÍN.— Lo que comenzó como un pasatiempo se ha convertido en un negocio familiar para Ligia Canché Arceo, quien, con su creatividad, realiza muñecos tejidos con técnica crochet.
El rescate del tejido se ha vuelto una de las artesanías atractivas y de mayor demanda en esta ciudad, pues realizan trabajos basados en personajes de animación y personalizados.
Ligia Canché convirtió las manualidades que aprendió cuando cursó la primaria, en arte y en ingreso para su hogar.
Antes hacía bultos, blusas o los muy conocidos tapetitos. Actualmente también realiza llaveros, peluches, muñecos y hasta flores hechas de hilos especiales y estambres.
Ligia recordó que inició el negocio a raíz de la pandemia del Covid-19 y, con el tiempo, se unieron sus hermanas Mónica y Guadalupe, quienes la ayudan no solo administrar, sino también a distribuir, promocionar en redes sociales y hasta en tejer los diseños que encargan los clientes.
Los trabajos de las hermanas hoy se venden en Valladolid, Mérida e i ncluso Holbox, Quintana Roo, donde han conseguido clientes frecuentes y nuevos.
El precio varía de acuerdo con el producto. Por ejemplo, un tulipán tejido cuesta 50 pesos, un muñeco personalizado, hasta en 500 pesos, o un ramo de flores, más de $1,000, según el diseño.
“El primer trabajo de crochet que hice fueron unos muñecos para mis hijos que le gustaron a unos familiares, recordó la creadora.
Luego repliqué esos diseños y surgió la idea de venderlos en línea, precisó.
Sin contar con capital, la tizimileña hizo sus primeros diseños, hasta que hoy día todo lo que realizan son ganancias, inversiones y apoyo a la economía familiar.
Cuenta que, por muy complicado que parezca, al final a los clientes les gustan las creaciones. Los productos con mayor demanda son muñecos personalizados, girasoles y claveles.
Una de sus metas es poder tener un negocio establecido, pues actualmente solo vende en redes sociales, bajo encargos y algunos artículos extras que pone a la venta en su cuenta de Facebook.
La joven artesana resaltó que lo curioso es que dos de sus tres hijos ya comienzan a tener el gusto por el tejido y a veces la ayudan a rellenar muñecos cuando tiene varios encargos por entregar.— Wendy Ucán Chan
