Con eventos culturales, deportivos y acciones ambientales, Celestún realizó el Festival Refugio Pesquero, evento que conmemoró el quinto aniversario de la Zona de Refugio Pesquero del puerto, considerada la más grande del Golfo de México, con una extensión de 324 kilómetros cuadrados.
La zona fue delimitada en 2019 gracias a un esfuerzo conjunto entre los pescadores locales, las instituciones gubernamentales y las organizaciones civiles, con el respaldo de la Comisión Nacional de Acuacultura y Pesca (Conapesca).
Su creación ha sido clave para la recuperación de especies como el pepino de mar en veda permanente desde hace varios años, así como para la protección de especies de gran relevancia económica en la región, entre ellas el mero rojo (Epinephelus morio), el pulpo rojo (Octopus maya) y la langosta del Caribe (Panulirus argus).
La consolidación de esta área de conservación ha representado un modelo de manejo sustentable que busca equilibrar el aprovechamiento de los recursos marinos con la preservación de la biodiversidad, asegurando que las comunidades pesqueras cuenten con medios de vida más estables y responsables.
El festival, realizado durante del viernes 5 al domingo 7, fue un encuentro comunitario en el que participaron familias enteras, visitantes y pescadores que han sido parte de esta historia de conservación.
A lo largo de tres días se llevaron al cabo actividades diversas que incluyeron un corte de listón inaugural, la presentación de exposiciones fotográficas, números de ballet folclórico, sesiones de zumba acuática y competencias deportivas como el concurso de kayaks.
También se organizaron concursos de esculturas así como una vistosa exhibición de papagayos gigantes que atrajo la atención de niños y adultos.
En paralelo, se desarrolló una recolección comunitaria de plásticos, acción que reforzó el mensaje central del festival, la necesidad de que cada persona contribuya a la protección de los ecosistemas costeros.
Este festival representó una vitrina para mostrar los frutos alcanzados.
Los hombres de mar reconocen que si bien los beneficios de una zona de refugio no son inmediatos, con el paso del tiempo comienzan a notarse en la recuperación de las poblaciones de peces y crustáceos que sostienen la economía local.
Los más jóvenes, por su parte, se suman a las dinámicas culturales y deportivas que complementan la vida comunitaria, mientras las familias disfrutan de un espacio de convivencia que refuerza el sentido de pertenencia y orgullo por el mar que los rodea.
El cierre de la jornada dejó ver con claridad, la importancia de mantener vivo el compromiso con la pesca responsable y la conservación de la biodiversidad marina.
En palabras de los organizadores, este festival fue una gran celebración, pero sin duda también la confirmación de que la unión de la comunidad con el apoyo de las instituciones puede generar cambios profundos y duraderos.
La Zona de Refugio Pesquero de Celestún es hoy un reto permanente para garantizar que las generaciones presentes y futuras sigan encontrando en el mar una fuente de vida, cultura y desarrollo.
