TIZIMÍN.— Víctor Saldívar Salinas y Jorge Hernández son de los pocos zapateros remendones que aún mantienen vigente en esta ciudad un oficio que durante años fue común en las calles y que poco a poco ha ido desapareciendo.
Hace aproximadamente 10 años todavía era frecuente encontrar zapateros que recorrían las colonias ofreciendo sus servicios de casa en casa. Algunos lo hacían a pie y otros en bicicleta, con las herramientas necesarias para reparar suelas, tacones y calzado que podía tener una segunda oportunidad.
Hoy son contados quienes continúan dedicándose a este oficio. Incluso de los ambulantes solo queda uno, que recorre la ciudad en motocicleta o vehículo y anuncia con su pregón la reparación de zapatos.
Un sitio fijo
Entre los zapateros que aún tienen un lugar establecido está Jorge Hernández, quien durante muchos años fue uno de los más conocidos y solicitados por los clientes de su negocio, “El Tacón”.
A sus más de 80 años, Hernández recuerda que hubo una época en la que el trabajo no faltaba; ahora en ocasiones apenas atiende a uno o dos clientes durante toda una semana.
El zapatero señala que incluso conserva zapatos que sus propietarios llevaron a reparar, pero que nunca regresaron por ellos.
Oficio aprendido
El oficio lo aprendió desde los 12 años, recuerda, cuando comenzó a trabajar con un conocido zapatero de Tizimín al que llamaban “Victorín”.
De él adquirió los conocimientos necesarios para reparar diferentes tipos de calzado y, con el paso de los años, abrió su propio negocio, que durante mucho tiempo le permitió obtener buenas ganancias.
Según explica, hoy muchas personas prefieren comprar zapatos económicos y, cuando se dañan, optan por desecharlos en lugar de pagar por una reparación.
Entre sus recuerdos están varios compañeros de oficio que ya fallecieron y cuyos familiares no continuaron con la actividad.
Sin relevo
Uno de sus hijos, comenta, aprendió a reparar zapatos, pero no se dedica a ello porque cuenta con otro empleo.
Otro de los pocos que mantienen activo el oficio es Víctor Saldívar Salinas, quien se considera uno de los zapateros mejor equipados que actualmente trabajan en Tizimín.
Saldívar Salinas aprendió el oficio en lo que era el Distrito Federal, ahora Ciudad de México, y radica desde hace siete años en esta ciudad, donde se ha dedicado a ofrecer distintos servicios relacionados con la reparación y restauración de calzado.Entre sus trabajos se encuentran el cambio de suelas, el pulido de zapatos, la reconstrucción y diversas reparaciones.
La actividad, reconoce, tiene temporadas buenas y malas, aunque afortunadamente aún cuenta con trabajo.
Aunque no depende económicamente de este oficio, pues también cuenta con una pensión, sigue trabajando porque le gusta y porque considera importante mantener vigente una actividad que cada vez tiene menos personas dedicadas a ella.
Contra lo que ocurre en Tizimín, en Valladolid son muchas más personas las que realizan la actividad, incluso en los distintos barrios y el centro de la ciudad hay predios que anuncian el servicio o lo hacen a domicilio.



