(Primera Columna publicada el 1 de mayo de 2005)

La columna estima con antiguo afecto al Partido de Acción Nacional. Desde 1939 fue compañero de este periódico en la tarea cívica de vigilar al gobierno. Una compañía brava, tantas veces única, en la misión de proclamar el ideal, la convicción, el principio. Proclamarlos y defenderlos en una lucha acuadillada por la ideología.

La columna tiene que ver, pues, con engaño, cómo el PAN ha abandonado a un gobernador panista en la lucha valiente que ha emprendido para sanear la impartición de justicia en Yucatán.

Vicente Fox, Santiago Creel, Rafael Macedo de la Concha, Luis Felipe Bravo Mena, Ramón Martín Huerta, José Luis Durán, Rodolfo Elizondo y otros nombres de alta cotización en las filas del partido y la administración pública encabezan la lista de funcionarios, senadores, diputados y dirigentes perfectamente bien enterados de los esfuerzos cívicos de Patricio Patrón Laviada para rescatar a la justicia de la postración vergonzosa que padece en nuestro Estado.

Informados con oportunas denuncias, conocían con precisión los documentados atropellos a la ley, a los derechos humanos, al sentido común defendidos en la campaña de mentiras orquestada para desacreditar, desestabilizar al Ejecutivo yucateco e impedir el éxito de una campaña moralizadora que pone en peligro los intereses inconfesables de la mafia que ha mostrado los colmillos en el caso Medina Abraham.

Estamos muy cerca, casi encima de la verdad, una verdad reñida con la tradición benemérita de Acción Nacional, si decimos que en la presidencia de la República, la secretaría de Gobernación, la Procuraduría, el Senado, la Cámara de Diputados o la directiva nacional del partido no hubo un panista que en público levantara un dedo para apoyar y defender a un gobernador atacado y acosado porque se afana por honrar y cumplir en Yucatán las promesas que el PAN y Vicente Fox hicieron en la campaña electoral y continúa haciendo desde Los Pinos.

Hay excepciones, pues todas las reglas las tienen, pero son contadas, clandestinas casi siempre, por el clima hostil que las ha rodeado en las esferas cupulares del partido y el gobierno federal.

No sólo no han apoyado al gobernador nacido de su señor y educado en su doctrina: lo han combatido. Han tratado de hacerlo desistir de su lucha por el imperio de la verdad y la ley. Han llegado a decirle, en tres ocasiones por lo menos, que tiene toda la razón, que el caso Medina Abraham es una infamia, pero le han advertido que no se meta, que se salga, que no le conviene seguir. La columna sabe los nombres y los apellidos, pero los supone en una confianza que hasta hoy no la autoriza a revelarlo. Te asombrarías, lector, si supieras quiénes son.

Los afanes de Patrón Laviada por adecentar la impartición de justicia en Yucatán desataron el conflicto inevitable con los afectados. Un conflicto con el Poder Judicial y con el PRI. Un conflicto público en que intervinieron el Senado, la Cámara de Diputados y la Suprema Corte, nunca a favor del gobernador, innoculados como estaban de recalcitrante sectarismo político o vendados por la desinformación que es consecuencia de la vieja falta de atención a la provincia mexicana.

Una desinformación propiciada por la misma cúpula de Acción Nacional. Por increíble que parezca, Carlos Medina Placencia, precandidato a la presidencia de la República, candidato a la presidencia del partido, hombre recto, de actuación congruente con sus ideas, que se enfrentó a Carlos Salina de Gortari en el Congreso, nos dijo hace poco, en presencia de testigos, que no sabía nada del caso Medina Abraham ni del conflicto del gobernador con el Poder Judicial. Diez años en total ignorancia de un caso que afecta la estabilidad política y social de un estado del país. Un caso donde están en juego valores de trascendencia nacional.

Felipe Calderón Hinojosa, ex presidente del partido, ex secretario del gabinete, precandidato hoy a la presidencia de la República, nos confesó también, en visita reciente, que no estaba enterado del caso Medina Abraham ni de las consecuencias estatales y nacionales que ha tenido. Hay testigos.

Felipe Calderón, antiguo, estimado colaborador editorial y amigo de este periódico, llega hoy a Mérida en nueva visita electoral. Nos hemos permitido indicarle ya, como lo hicimos también en la entrevista con Carlos Medina, que las mafias que se han confabulado para que no se enteren del caso Medina Abraham son las mismas que mañana han de conspirar para que, si llegan a la jefatura de la nación, no puedan gobernar de acuerdo con sus principios, de acuerdo con sus promesas, de acuerdo con la doctrina predicada durante más de sesenta años por Acción Nacional. Ya se lo han impedido, en aspectos muy importantes, a Vicente Fox.

Un ilustre antecesor de los candidatos presidenciales panistas, Efraín González Luna, dijo en Mérida que “la provincia es la patria”. ¿Qué es Yucatán, qué significan los problemas de Yucatán para los dirigentes actuales del PAN? La columna opta por no caer en la tentación de los malos pensamientos. Prefiere preguntar hoy a don Felipe qué hará Acción Nacional para pagar esta grave deuda que ha contraído con los yucatecos que dentro o fuera del panismo luchan entre desaires y abandonos por sanear la impartición de justicia y rescatar para la ley y el derecho el puesto de mando en el Poder Judicial, usurpado hoy por las traiciones y las ratificaciones.

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