(Primera Columna publicada el 13 de marzo de 2009)
El reportero llegó anoche a la Plaza Grande dispuesto a declinar una invitación que César Pompeyo le formuló en carta recibida a horas de la mañana en la Redacción.
Se había filtrado hasta el periodista el rumor de que cierto número de gente se reuniría en torno a la banca de costumbre para oír las preguntas que don César le formularía sobre el otro lado de las precampañas políticas en busca de las diputaciones federales por Yucatán.
Que se nos permita abrir un paréntesis para decir que en el otro lado, no sólo de las precampañas, sino de cualquier otro suceso, la filtración es uno de los dos principales medios de comunicación en el estado. Compite con el rumor por el primer lugar.
A veces se ligan. Hay rumores sobre filtraciones como hay filtraciones de rumores. Tenemos especialistas en el rumor. Rumorólogos muy requeridos en el dominó, las charlas de los doctores entre la consulta y el quirófano, las caminatas de mañanita, las tertulias durante el juego y la etcétera insondable de asambleas de curiosos de uno y otro sexo o de ambos.
Resplandece también nuestro elenco de estrategas de la filtración. Filtrónomos de nacimiento. Filtrómanos que por su puntual ejercicio de este oficio llegan a escalar posiciones de influencia en los consejos de administración, las directivas de las agrupaciones sociales, los patronatos de obras pías, las administraciones públicas, que ya no son tan pías, y los investigadores judiciales, que lo son menos.
Los graduados de la filtroscopía, los practicantes y los aprendices llevan hoy la voz cantante en actividades diseñadas para salvarnos de pecadores. Por cada pecador nos llueven diez redentores. Diez a uno. Por cada redentor nos corresponden cien calvarios. Cien por uno. Nada, que vivimos de pirámide en pirámide.
En fin, avisado a tiempo por las filtraciones, el reportero no cayó en la tentación de pontificar sobre candidatos y precandidatos ante la gente que lo esperaba en la Plaza:
—Lo siento don César. Han terminado las dos precampañas. La del PAN y la del PRI. La ley impone un silencio monacal hasta mayo.
—No hablo de la campaña carolingia y javeriana, reportero. Tampoco de la angelical y la zapatista. Te invito a informar y opinar sobre la tercera. La que tiene “pre” pero no sabemos cómo vendrá el “after”. La que se desenvuelve al margen de la ley, según unos, y al margen de la decencia, según otros. Me refiero a la precampaña del linchamiento.
— ¿El linchamiento social de Cecilia que denuncian sus abogados?
—No: de otro que arma más bulla. El linchamiento del Ayuntamiento. Linchamiento político. O judicial. O electoral. Que al fin y al cabo es lo mismo. Tres contra uno.
—¿Se refiere usted al Ejecutivo, al Legislativo y al Judicial?
—Para eso es precisamente que te llamamos: para que nos informes quién está en la punta de la pirámide y quién debajo o enmedio. De esta pirámide por la que suben y bajan los filtrónomos y sus lebreles. Los filtrómanos y sus jilgueros. Los rumorólogos y sus sicarios.
—Para que nos ayudes —continuó Pompeyo— a entender la tercera precampaña. O mejor dicho la intercampaña, pues podrían continuar en la campaña este pesca pesca, este guarda guarda de francotiradores con pasamontaña que tiran la piedra y esconden la mano para no dar la cara ni mostrar el cobre.
—Por lo menos —concluyó don César— nos vamos a divertir en la alfombra roja de las estrellas y los estrellados, batmanes y guasones, sustitutos y dudosos, piramidosos, sustitutos y “yo también quiero ser millonario” de nuestra flora y fauna políticas que desfilarán infiltrados entre los candidatos a los Oscares de la diputación.
