(Artículo publicado el 24 de noviembre de 2009)

En los últimos quince años la política mexicana es un rompecabezas. Las primeras piezas hay que buscarlas en el salinismo: en su aceptación, de buena o mala gana, de la necesidad de una derrota del PRI en las elecciones presidenciales de 2000. Las últimas piezas podrían ser las maquinaciones para la reconquista del poder en 2012.

Como en todo rompecabezas, las piezas son numerosas. Están revueltas. No es fácil reconocerlas, ni ubicarlas y menos encajarlas en el lugar correcto. Es un trabajo de memoria, análisis y deducción sobre un mapa de filtraciones, conjeturas, sospechas, cabos sueltos y pistas falsas. En la tarea de ajustar las versiones a la realidad puede haber y habrá discrepancias: es inevitable en la política mexicana, que no gusta todavía de dar la cara —o no se atreve— y prefiere los vericuetos y las sombras para alcanzar sus objetivo encubiertos.

No creemos que estemos en el momento de empezar a armar el rompecabezas desde el principio. El sentido de la oportunidad nos dice que así como la caridad comienza en casa, es en casa, Yucatán, donde debemos iniciar también la tarea de descifrar las claves para que no terminemos el decenio pidiendo caridad como limosneros.

Al grano. No es un secreto que la candidatura del PRI a la gubernatura de Yucatán en 2007 dejó la impresión generalizada de un golpe de estado: los sectores tradicionales del patio quedaron fuera de juego en una maniobra que trasladó a la ciudad de México la elección o imposición, con olor a fraude, de una precandidata inscrita a última hora con toda la facha de una figura de relleno. El triunfo no estaba seguro, pero, por lo menos, los que estorbaban se irían al archivo o a la banca.

Es lógico suponer el motivo del golpe de timón que dejó a la deriva a los cuadros macizos de la vieja guardia yucateca y los hizo encallar en aguas superficiales donde tienen una movilidad escasa, acentuada por su lejanía de los centros del poder o su sumisión total a los amos nacionales y su delegación plenipotenciaria en el estado.

El motivo de la centralización fue cerrar en la península un triángulo de estados que pueda ser una herramienta importante en la designación del candidato presidencial del partido. Contribuyeron a fortalecer esta suposición las denuncias constantes de flujos de recursos financieros y humanos, desde Quintana Roo y el Estado de México, hacia la campaña de Ivonne Ortega Pacheco.

Los hábitos peculiares de la señora Ortega han fortalecido la impresión de que los hilos de su gobierno se mueven desde la ciudad de México. Las ausencias frecuentes de la gobernadora y el énfasis evidente en la promoción de su imagen personal demuestran prioridades que están al mismo nivel que los asuntos públicos estatales o uno mayor todavía. Dondequiera que haya una actividad llamativa del PRI, económica, política o social, allá está ella, pase lo que pase en Yucatán.

El triunvirato que en un principio compartió el mando pasó a la historia. Rolando Zapata Bello, secretario general de gobierno, fue exportado a una diputación. Héctor Cabrera Rivero, subsecretario de gobierno, fue trasladado a la procuraduría en un esfuerzo por tapar unos de los boquetes que los funcionarios locales le abrieron a la administración pública las veces que han pretendido actuar con autonomía de la altiplanicie. Es un peligro dejarlos sueltos y solos. Un peligro que fortaleció al triunviro superviviente: Ulises Carrillo Cabrera.

Poco o nada se sabía de Carrillo Cabrera antes que la señora Ortega lo presentara como jefe de su oficina y secretario técnico del gabinete. Se trata de un puesto creado ex profeso para él, pues no existía en la Ley Orgánica de la Administración Pública del Estado antes de 2007. Desde entonces se le ha bautizado con los sobrenombres que el vulgo suele asociar con el mandamás: eminencia gris, superasesor, poder detrás del trono.

Hoy maneja, por encima del agua, un presupuesto anual de más de 16 millones de pesos, abultado para una oficina de unas diez personas, y se comenta que son frecuentes sus encerronas con capitanes del sector privado que siempre procuran colocarse bien con el que está arriba o puede ser que esté. Capitanes que creen que van a manejar y acaban siendo manejados… pero remunerados, eso sí.

El mítico Ulises es la figura más fascinante de la antigüedad clásica: desde las murallas de Troya lo ven como pastor del rebaño, hábil, sutil de pensamiento, suave de palabra; en la “Ilíada” se le ve activo, equilibrado, paciente, tenaz; y por último, en la “Odisea”, el poema homérico del regreso, donde es el protagonista estelar, se distingue como el nauta elocuente, astuto y maquiavélico que tiene a los dioses de su lado.

Ejercicio interesante será meditar sobre las cualidades y los designios del mítico Ulises que se puedan repetir en este Ulises importado, pastor escondido de gabinete, que puede ser una de las piezas claves del rompecabezas. Pieza que permita entrever a dónde el PRI quiere llevar a Yucatán y qué quiere hacer con nosotros en su viaje de regreso a la hegemonía política y económica nacional que entregó en 2000 obligado por las circunstancias internas y las presiones externas.

Desde luego, otra de las piezas determinantes del rompecabezas son las elecciones de esta ciudad en 2010. Por eso el PRI reconoce que “ va con todo por Mérida”.— Mérida, Yucatán, 23 de noviembre de 2009.

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