(Primera Columna publicada el 24 de noviembre de 2007)
Los maratones en el ministerio público revelan analogías que se asemejan a los casos de Chablekal y Tlatelolco a pesar de las diferencias que los apartan.
En su comparecencia ante el Congreso para rendir el último informe de su gobierno, el presidente Gustavo Díaz Ordaz se adjudicó toda la responsabilidad de la hecatombe del 68 a fin de exonerar de culpa a su secretario de gobernación Luis Echeverría Álvarez.
En su comparecencia ante la procuraduría, en sus respuestas a 12 preguntas, Patricio Patrón Laviada adjudicó al consejo de administración de la Cousey, presidido por él, la responsabilidad entera de la polémica venta de terrenos a los inmobiliarios del Yucatán Country Club. Responsabilidad que el ministerio público atribuye, en miscelánea de acusación, al arraigado José Carlos Guzmán Alcocer.
La admisión de don Gustavo facilitó a la aplanadora del PRI el camino para llevar a don Luis a Los Pinos. Hasta aquí llegan las analogías entre Tlatelolco y Chablekal. Las declaraciones de Patricio han metido a la procuraduría en un lío de ida que aún no ve la vuelta: ¿Qué vamos a hacer con el señor Guzmán?
De fuentes cercanas a Palacio ha salido la versión extraoficial de que en maratónicas comparecencias, que se prolongaron hasta las primeras luces de la madrugada de ayer, los altos mandos del ministerio público, sus asesores y sus achichincles analizaron los problemas que les plantea la tambaleante miscelánea y estudiaron las siguientes iniciativas para resolverlos:
1. Arrollar la cola y poner en libertad al arraigado. El debate fue calenturiento. Entre gritos de “primero muertos que confesos”, acordaron interrumpir la discusión y esperar, para reanudarla, el resultado que se obtenga con otras propuestas.
2. Multiplicar las comparaciones. Citar a los capitalistas del Country, a los compradores de lotes, a los médicos que expidan certificados, a los campesinos de Chablekal… Citar, citar y volver a citar para ver si se caza algún “dzilil”.
3. Convocar a los tasadores del Sureste a una convención plenaria en el Siglo XXI, en nuevo esfuerzo por encontrar los 500 millones de desaparecidos y, una vez encontrados, legalizar la acusación de robo calificado que sustenta al arraigo Guzmán. Convocatoria descartada. Misión imposible.
4. Arraigar al consejo de administración: Patricio, Manero, Guy, Reyes, Elsy, Medina, Pedro… Esta solución permitiría renovar el expediente de Guzmán para retenerlo en calidad de cómplice.
5.Arraigar al consejo tiene timba y jiribilla. Ivonne Ortega Pacheco ya canonizó a los inmobiliarios del Country en su célebre homilía de la Universidad. Sin la intervención apostólica del consejo, que facilitó las tierras a precios de beneficencia, los inversionistas del Club no hubieran podido desarrollar, ni siquiera emprender, el proyecto que la gobernadora ha elevado a los altares de la historia del estado. Habría que arrastrar también a Ivonne.
6. En el seno de la maquinaria oficial hay tuercas y tornillos que no casan. Sus roscas, por ser distintas, nos complican, desfasan, destantean y desesperan. Mientras Ivonne califica a los inmobiliarios de benefactores de Yucatán, el presidente del PRI los acusa de latifundistas que explotan a los campesinos y lucran a expensas de las clases menesterosas. Se acordó enviar a quien corresponde una recomendación: “¿Por qué no te callas?”.
(Ya está camino a Madrid la carta que solicita la autorización del rey de España, que tiene el “copyright” de la exhortación).
7. Citar a Manzanilla Schaffer, Dulce María, Federico, Eric, Orlando, Sobrino y Calderón Cecilio para que, en comparecencia simultánea, formen un frente unido de apoyo a los arraigos. Iniciativa desechada por unanimidad. Aunque no se sabe la causa de la negativa —no se ha podido establecer contacto con los desechados—, trascendió que los altos mandos judiciales temen que la iniciativa de marras funcione como la carabina de Ambrosio.
(Este tipo de escopetas han caído en desuso, ya que el tiro sale por la culata).
8. Rogar al juez del conocimiento que otorgue al arraigado la protección de la justicia federal y le conceda, por la forma y por el fondo, el amparo que disponga la libertad incondicional de José Carlos Guzmán. Éxito seguro: los ruegos del Ejecutivo son órdenes para los juzgadores cuando el PRI está en Palacio. Especial mereció atención a esta propuesta, porque no hay que arrollar la cola. No estamos de acuerdo con el tribunal, pero respetamos su decisión en una señal de respeto a la división de poderes ya la supremacía de la federación. ¿Se ha encontrado así la cuadratura al círculo? Casi. No hay que arrollarla, pero ahí está la cola.
9. Proponer esta iniciativa de incisos adicionales al código penal del estado en la fracción conducente del artículo sobre arraigos:
” a) La procuraduría general de justicia queda facultada para dictar arraigos que le permitirá cumplir discrecionalmente sus deberes de representante y abogada de la sociedad sin tener que justificar los arraigos. Cualquier explicación sobre el particular será optativa, pero de ninguna manera obligatoria.
b)En el caso de que el ministerio público no pueda configurar el delito que sustente la Acusación, ya sea por falta de méritos del indicado o deficiencias en la investigación por falta de pericia, los arraigos tendrán carácter de indefinidos, con el objeto de dar al ministerio público el tiempo que le sea menester para suplir la ausencia de méritos con la fabricación de expedientes que acreditan el ilícito denunciado.
c) Quedan abolidas y con nulo curso legal en el estado las opiniones de los presidentes del Colegio de Abogados, las declaraciones de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, las decisiones de los constituyentes del 17 y cualquier otra medida o acción que de palabra o hecho se oponga a las facultades que esta H. Legislatura otorga a las autoridades con dispensa de trámites.
d) Esta reforma entra en vigor ipso facto, independientemente de su publicación en el diario oficial, y tendrá carácter retroactivo”.
10. Métodos de soplar para apagar la bomba. Ineficaces hasta el cierre de esta edición. Se sospecha que los asesores, los achichincles y demás maratonistas ya no soplan. Con honrosas excepciones, claro, que infiltran una esperanza de arco iris en esta tempestad de los 100 días.
