(Artículo publicado el 30 de octubre de 2009)
La deuda es “caso cerrado”. Es el título de la nota que el “Diario” publica en su edición del miércoles 28 de octubre sobre una entrevista a la gobernadora acerca de su solicitud de un préstamo de 1,870 millones que los diputados del PRI, validos de su mayoría, le aprobaron en el Congreso sin pedirle explicación alguna.
Es un título que da a entender, con el uso inadecuado de las comillas, que cita una declaración de Ivonne Ortega Pacheco. Esta interpretación es inexacta. Es el reportero quien considera “que la jefa del Ejecutivo dejó claro que para ella la solicitud de endeudamiento es asunto cerrado”.
En primer término, si queremos hacer de las comillas el uso que la gramática autoriza, debemos decir “asunto cerrado”, no “caso cerrado”. Lo que se pone entre comillas es una alusión exacta a lo que se ha dicho. Son reglas que es preciso respetar para que el lenguaje sea una transmisión verídica de la realidad.
En segundo término, en la transcripción de las preguntas del periodista y las respuestas de la funcionaria lo que está claro es que la señora no considera el caso cerrado, pues reconoce “que hay una discusión jurídica en este momento” y que su gobierno está esperando la resolución de la Suprema Corte sobre la conocida apelación interpuesta contra el préstamo.
A lo que Ivonne Ortega se ve “cerrada” a piedra y lodo es a abrir su gobierno a las preguntas que se le formulan sobre los motivos de la solicitud del préstamo cuantioso, polémico, impopular. Motivos que parecen tener una relación directa y causal con los sobregiros, la falta seria de transparencia y otros denunciados desórdenes en la administración y gasto de los caudales públicos.
Está negada también a proporcionar una información suficiente y clara sobre los destinos que dará a los 1,870 millones. De este empecinamiento en no hacer las cosas con rectitud, de acuerdo con la ley y el sentido común, se deriva la corriente incesante de preguntas y reproches que envuelve a la gobernadora cuando nos viene a visitar procedente de alguno de sus viajes, incesantes también.
Comprendemos que la señora Ortega esté fatigada por este acoso de la oposición, los periodistas y los preocupados portavoces de la sociedad civil. Cansada quizá de que se suponga que no responde porque no sabe qué responder. O porque lo sabe demasiado también y le huye a una confesión sin arrepentimiento ni propósito de enmienda.
Es mejor pensar que le corre a las preguntas porque está cansada, fatigada, dolida por las insistencias y las suposiciones. Es peor sospechar que ni se cansa, ni se fatiga, ni se duele porque, sencillamente, ni le importan ni le interesan.
Ni la gramática ni la ley autorizan que la deuda sea considerada un “caso cerrado” con comillas que denotan exactitud. Sobre todo si se trata de una mandataria que apenas ayer nos precisó que en los tópicos de interés público no debemos “quitar el dedo del renglón”.
En la democracia no hay puertas cerradas sino abiertas de par en par. Quien tiene el derecho de cerrarlas son los gobernados, no los gobernantes. Cuando el abuso del poder ciega, marea o hace perder el piso y buscar el portazo al asunto público, el ciudadano lo mantiene abierto hasta las elecciones y lo tiene en cuenta al depositar su voto. Hay que decirlo una y otra vez. Recordarlo. Repetirlo. Reiterarlo. “Sin quitar el dedo del renglón”. Aquí y así valen y valdrán siempre las comillas.— Mérida, Yucatán, miércoles 29 de octubre de 2009.
