(Primera Columna publicada el 4 de septiembre de 2008)

El ajuste de cuentas fue tema ayer del cuarto cambio de impresiones entre César Pompeyo, el reportero y Vittorio Zerbbera sobre las causas de la feria de degollados en esta tierra de María Santísima donde antes del hacha y la tacha los niños patinaban en el parque de San Juan, donde hoy patina la virtud de las domésticas, y los señores se reunían en la plaza principal a oír la banda de músicos uniformados tocando “Sobre las olas” en el kiosco, mientras las chaperonas somnolientas vigilaban con éxito parcial la visita del enamorado, olorosa a mariposas y talco boratado. Antes…

No fue mencionado en la banca de costumbre el ajuste de cuentas entre carteles que combaten por el botín yucateco, oloroso a yerba tostada y talco colombiano. Ajuste de cajón que propone Ivonne Ortega como alfa y omega de la masacre. Se acordó dejar este asunto en manos del carabinieri Saidén y sus humeantes medidas precautorias.

Don Vittorio y contertulios estudiaron en la Plaza Grande el ajuste de cuentas que el laboratorio mafiológico de la Universidad de Palermo postula como remedio para esta crisis que ha puesto a la sociedad al borde del ataque de nervios y un acceso de histeria al por mayor y al menudeo.

—El ajuste de cuentas propuesto por los especialistas sicilianos —explica don Vittorio— comienza con los consumidores de la droga como detonantes de la lucha entre los proveedores de sus apetitos descarriados y sus hábitos viciosos. Comienza nada más.

—Comienza nada más porque es de víctimas más que de victimarios el verdadero papel que los esclavos de la jeringa y los aspiradores del polvo representan en los escenarios del crimen organizado.

—Con el patrocinio de la Universidad de Palermo y la bendición extraoficial de la curia vaticana —prosiguió el doctor Zerbbera— , el MMM (Movimiento Mundial contra la Mafia) practicó en Europa del este y las poblaciones colindantes, en el Cercano Oriente y el África Central una investigación destinada a conformar un prototipo.

—El prototipo de una sociedad que en los países en desarrollo y en subdesarrollo sazona y cocina el caldo de cultivo en que prosperan los mercados de la droga. Mercados que nutridos por la curiosidad de los novatos y la dependencia de los adictos desembocan en un consumo compulsivo.

Consumo voraz que devora los valores y desata, en el lucro desmedido y despiadado por satisfacerlo, las guerras de asaltos, secuestros y decapitaciones en las comunidades confundidas por la desorientación premeditada y debilitadas por la anemia perniciosa de principios.

—Comunidades que buscan la solución imposible a sus conflictos visibles y a sus trastornos íntimos con los sedantes de las pancartas y las concentraciones, los editoriales y declaraciones, congresos y comités, armas largas, medidas de emergencia y decretos de autoridades cómplices que en la disposición punitiva esconden la salida jugosa a la corrupción providente.

—Sedantes que buscan nublar la conciencia pública, adormilarla, anestesiarla, para que no vea, ni sienta ni huela los alcantarillados que recogen las aguas negras de la bancarrota moral y la descomposición social. Aguas negras navegadas por los bucaneros que enarbolan la bandera de la cruz, vitoreados por los náufragos de las naves que van a saquear y hundir. Los náufragos que se van a ahogar porque las manos que tienen para nadar les sirven para aplaudir.

—No te molestes, César; no te irrites, reportero, por la descripción de este naufragio colectivo en que patalea una sociedad que eleva a los industriales de la corrupción al pedestal de los ídolos y se arrodilla a servirlos. Que los encumbra mientras aclama al mismo tiempo, por conveniencia, pero sin interés, oyéndolas sin escucharlas, a las voces aisladas que gritan ¡hombre al agua¡ Por favor, reportero, no se disgusten.

—No se disgusten porque no he descrito a ciudad alguna, mucho menos a la de Mérida, que me ha dispensado una acogida cordial que merece mi respeto y gratitud. Recuerden que he hablado de un arquetipo que es fruto de una investigación del MMM y la Universidad de Palermo. El arquetipo de una ciudad del mundo subdesarrollado, o en vías de desarrollo, donde la mafia, la camorra y otras filiales de la cosa nostra encuentran las condiciones y facilidades favorables para el asalto, el secuestro y los crímenes que les aseguren la prosperidad económica, el control de las autoridades y el homenaje casi unánime de la sociedad. Casi unánime, porque algunos disidentes son útiles para dorar la píldora.

—En las ciudades invadidas por la droga hay denominadores comunes que las distinguen. Una de las característica es el déficit cívico y moral de la educación pública, que convierte a la masa estudiantil en carne de cañón para los traficantes.

—Otra de las bacterias es la diáspora familiar. Las familias donde los maridos tienen horizontes propios y las esposas distracciones exclusivas que rara vez coinciden. Cuando el padre va por un lado y la madre en sentido contrario, el hogar, reducido a dormitorio, rebajado a comedor, es el espacio de tránsito solitario donde los hijos pasan para salir a vivir la vida al garete y a merced de los mercaderes de paraísos artificiales.

—En el prototipo de ciudad drogada, las instituciones de los capitanes y coroneles de la sociedad son claustros donde las clases rectoras, encerradas dentro de la cuatro paredes del interés personal, no tienen más tiempo ni más dinero que para la promoción y defensa del negocio.

—La religión mal practicada y peor comprendida, en vez de asumir la delantera en la defensa de los valores, propicia con el mal ejemplo de pastores y rebaños el distanciamiento de la juventud y su aproximación decadente a las seducciones que les desdoblan los comerciantes del placer.

—A la vista de los doce degollados, César, comparen ustedes, los yucatecos, sus hogares, sus escuelas, sus instituciones y sus templos con el arquetipo de ciudad ideal para el narcotráfico y sus resultados crecientes de violencia desalmada. Si ven alguna semejanza, ya saben por dónde comenzar el ajuste de cuentas.

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