(Primera Columna publicada el 3 de abril de 2009)
Megamedia invocó su Código de Ética para rechazar en Campeche la oferta de publicar en sus periódicos, “Diario de Yucatán” y “La i”, propaganda del Partido Acción Nacional pagada con fondos públicos procedentes de la Lotería Nacional.
Este Código no es un membrete fantasma o un pacto no escrito transmitido por experiencias o instrucciones verbales de generación en generación: es un documento de 12 capítulos con cláusulas de observancia obligatoria en las seis empresas del consorcio y el patronato que es su complemento altruista.
Redactado en 2007 y aprobado en 2008 por el consejo de administración, el Código propugna el sentido de responsabilidad social que guía el criterio informativo y editorial de “Diario de Yucatán” desde su fundación en 1925.
En términos generales, entendemos por responsabilidad social la disposición a salir en defensa del bien común en circunstancia cualquiera que lo amerite, sea cual fuere el precio que se pague.
Responsabilidad que comienza con la vigilancia cotidiana que delate el suceso o la actitud que tiendan a poner en peligro la vigencia de los derechos, leyes, tradiciones, costumbres y conductas que nutren el bienestar colectivo. Responsabilidad que se prolonga en la decisión de salir al paso de los riesgos con la denuncia oportuna que promueva la rectificación y concuerde con nuestra situación particular de profesión, oficio u ocupación.
Cuanto más efectiva sea aquella vigilancia y más extensa esta denuncia menor será el costo de la defensa, en esfuerzo y sacrificio, y tanto más fácil el éxito buscado.
El grado de civilización de un país depende en proporción directa del número de ciudadanos que tengan conciencia de que la vigilancia y defensa del bien común es un derecho personal al mismo tiempo que un deber individual también. Derecho y deber que se han de ejercer y cumplir por iniciativa propia, espontánea, en público y en privado, sin necesidad de estímulo, exhortación o exigencia, que sin embargo siempre serán aconsejables.
El debilitamiento de esa voluntad de vigilar y defender los valores señala la depresión espiritual de una sociedad. Uno de sus síntomas reveladores se pone de manifiesto cuando el respeto al prójimo y a los derechos de terceros se convierte en desorientado pretexto para consentir o incluso promover un comportamiento contrario a las virtudes del bien común.
Caemos de esa manera en el relativismo, hoy de moda, que en su expresión capital de egoísmo e inconsciencia considera permisible e incluso digna de solidaridad la transgresión legal o moral que nos beneficia nuestros intereses o creemos que no los afecta directamente. Relativismo que conduce tarde o temprano a una indiferencia que acomoda los excesos, propicia su multiplicación, entrega al poder y el dinero la rectoría social y embodega las convicciones en el traspatio de los trastos inservibles.
Porque son los llamados por la ley y el derecho natural a representar y desempeñar la defensa del bien común, los gobernantes deben ser sujetos a una vigilancia que impida o detenga a buen tiempo los abusos que extravían y descarrilan los objetivos y procedimientos que distinguen al recto, sano ejercicio de la autoridad.
Hemos intentado describir el concepto, el sentido de responsabilidad social que se procura y encarece en la “Introducción” del Código de Ética de Megamedia:
“Este Código integra los valores, la misión y la visión del Grupo Megamedia con los principios fundamentales de la ética comercial en el marco del respeto a la ley, la promoción del civismo y el fortalecimiento de la moral, con el propósito de proporcionar a los colaboradores de la corporación un instrumento que los ayude a tomar decisiones correctas y cerciorarse de que sus actividades se desarrollen con honradez y eficiencia”.
Este Código explica la decisión inmediata de rechazar las proposiciones indecorosas del director de la Lotería Nacional a los periódicos de Megamedia.
