(Artículo publicado el 27 de octubre de 2009)

En el curso de los viajes de su gobierno peripatético, Ivonne Ortega Pacheco dijo en reciente visita a esta ciudad una frase que puede servir de regla de oro para normar las relaciones entre gobernantes y gobernados.

En la vertiente filosófica, la palabra peripatético indica algo que está en movimiento. El vocablo viene de Aristóteles, que impartía su cátedra mientras paseaba por los jardines e instalaciones del Liceo de Atenas. Otros de sus biógrafos prefieren una explicación distinta: caminaba de un lado a otro cuando dictaba los discursos que pronunciaría su discípulo Alejandro Magno.

Se podrá alegar que las enseñanzas de la escuela ivonense —o ivoniana— de gobernar no tiene las relevancias ni las bondades docentes de la aristotélica, pero es público y notorio que en eso de ir de un lado a otro la gobernadora le da ciento y raya al filósofo. El suyo es un gobierno volátil, de mando de televisión, o sea, a control remoto. En el supuesto caso, puesto en duda por algunos, de que ella sea quien gobierna.

El gobierno hiperactivo, de aquí para allá, no es patente de la señora Ortega. Cuando era presidente de la república (1958-1964), a don Adolfo López Mateos le decían López Paseos. En una racha transcontinental visitó a 21 países.

Hacer un gobierno trashumante tampoco es invención de la anfitriona de Palacio. Don Benito Juárez expedía sus decretos contra el clero en la carroza que fue sede de su presidencia itinerante. Una administración andariega, de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo…

La diferencia entre don Benito y doña Ivonne es que el abogado de Guelatao no viajaba por gusto: lo perseguían Comonfort, Miramón y los conservadores. La señora de Dzemul viaja por compulsión. O por gusto. Tal vez se requiera de su presencia en el tingo y en el tango por asuntos que pueden tener alguna relación con Yucatán si es que primero la tuvieron con el PRI. En fin, hay cupo amplio para otras interpretaciones.

Cualquiera que sea la interpretación, debe partir de la premisa de que Ivonne Ortega ha perfeccionado hasta el refinamiento el turismo de López Paseos y la inquietud del Benemérito. Hasta el refinamiento porque ya es una sutileza rendir tu informe anual a las 11 de la mañana y acto seguido perderte de vista. Una mecánica gubernativa que Yucatán podría patentar si el PRI gana las próximas elecciones.

Al principio de estas líneas dijimos que durante una de las visitas o escalas que hace de vez en cuando a Mérida la gobernadora pronunció una frase que debe ser inscrita con carácter de regla de oro en las relaciones entre gobernantes y gobernados. En referencia a los asuntos públicos, Ivonne Ortega sentenció: “No hay que quitar el dedo del renglón” (Diario de Yucatán, viernes 23).

Tomen nota los ciudadanos —políticos de la oposición, empresarios, hombres y mujeres de a pie—, tomen nota, repetimos: en los asuntos de la deuda repentina —en un minuto se fue a 25 años—, las cuentas enredadas, las tinieblas informativas y otras dolencias de la administración pública no hay que quitar el dedo del renglón. Y cuando un dedo no baste, la mano entera.

Nos hubiera agradado incluir a los diputados priístas en eso del dedo en el renglón, pero ya se sabe que ellos, como lo tienen tronchado, no ponen ni la uña.— Mérida, Yucatán, 26 de octubre de 2009.

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