(Primera Columna publicada el 11 de noviembre de 2010)
—Buena nota, César, la que muestra que vuestra gobernadora está rodeada de “cavallos” —comenta Vittorio Zerbbera mientras una calesa de turismo, tirada por la noble bestia, pasa frente a la banca de San Juan donde el mafiólogo italiano y el señor Pompeyo analizan sucesos recientes y su repercusión en el estado.
—No vi esa nota, Vittorio, ni creo que el Diario la haya publicado. ¿Dónde la leíste?
—Mírelo —contesta el profesional italiano, al apuntar con el dedo a una página de la edición del domingo que traía consigo—. Aquí está.
—Debes tener cuidado. Vittorio, con lo que dices. Recuerda que no hablas bien el español. Tal parece, como lo pones tú, que el gobierno de Ivonne Ortega está lleno de caballos que, naturalmente, hacen pura caballada. Recuerda, además, el refrán de dime con quién andas y te diré quién eres.
—No fue mi intención, César. Debí ser más preciso: madame Ortega está rodeada de cuatro “cavallos”.
—Te extravías otra vez en tu lenguaje, Vittorio: ahora estás considerando que los gobernadores Peña Nieto (Estado de México), Osorio Chong (Hidalgo) y Hernández Flores (Tamaulipas), así como Murillo Karam, secretario general del PRI, pertenecen al género de los solípedos. Aparte de que a mí no me consta, es incorrecto decir que doña Ivonne está rodeada de caballos: la señora está acompañada de caballistas. Esta es la frase adecuada.
Los lectores del periódico habrán deducido ya que la charla zoológica de Zerbbera y Pompeyo se refiere a la fotografía en que vemos a doña Ivonne, a grupas de un corcel, en compañía de los señores mencionados, cada cual en sus respectivas monturas.
Don César puntualiza que los gobernadores encabezaron a los 5,000 jinetes que iniciaron en el Estado de México los 23 kilómetros de la llamada “Cabalgata del Centenario” y la concluyeron en una ranchería de Hidalgo.
—Además de brillantina de la jarana, figuratriz de la farándula y costurera, ¿es madame Ivonne una buena jineta? —prosiguió Zerbbera.
—Metiste de nuevo la pata, Vittorio: no aciertas una. Es bailarina, no saltarina. O dices figura o actriz, no figuratriz. Costurera no es el nombre apropiado: está mejor fabricante de ropa. El femenino de jinete no es jineta sino amazona.
—Es que oigo a cada rato, César, que el gobierno de madame es un jinete excelente.
—Es un coloquialismo, Vittorio. En el idioma del hombre de la calle, se le llama jinete al que no paga lo que debe porque gasta el dinero de la deuda en otra cosa. En este caso sí cabría decir, metafóricamente, que doña Ivonne es jinete formidable, amazona consagrada. El año pasado le debía 700 millones a sus proveedores y este año les debe 1,400 millones. Un doblete histórico.
—¿Y qué hacen los proveedores “jineteados”?
—Pues siguen montados, Vittorio, en la cabalgata del quinquenio, a ver si algún día le pagan siquiera la mitad. Unos lloran en privado. Algunos se quejan quedito en el café. Nadie hace nada, pero ninguno deja de venderle al gobierno aunque sea a crédito. Aunque Ivonne no tenga crédito.
—Eso no sucede en Sicilia, caro amico. Cuando “il governatore no es buen pagano” y se lleva al baile a sus proveedores, los comerciantes, los industriales y sus cámaras se unen. Se unen para dejarle de surtir al gobierno: o pagas o nadie te vende. Si esto no da resultado, pues viene la huelga de impuestos. No hay loco que coma candela: en Sicilia todos se fajan los pantalones. ¿Están escasos los cinturones entre vosotros?
—Llevas poco tiempo entre nosotros, Vittorio: no nos conoces bien todavía. Los yucatecos somos hospitalarios, tranquilos, amables. Buena gente. Pero unirnos para esto o para aquello, sobre todo si hay algún riesgo, ni lo pienses. Si no le vendo a Ivonne lo hará mi competidor, aunque sea fiado. No le pagarán, pero consigue quitarme del camino, sacarme del juego. Es nuestra manera de ser. ¿Qué le vamos a hacer? Es la pregunta del día en Yucatán: ¿qué vamos a hacer? ¿Dejar que nos dejen en la calle?
—Acompañados de tantos caballistas, Vittorio, si no nos salimos a tiempo, nos vamos a caer del caballo en esta cabalgata, al pelo, en que estamos reculando hoy hacia los establos clausurados ayer. No digas luego que no te avisé a tiempo.— Mérida, Yucatán
