(Artículo publicado el 23 de marzo de 2010)

Al concluir reciente conferencia sobre “Comunidad política” en la iglesia de San Antonio de Padua, que sustentó, como informó este periódico, el licenciado Víctor Arjona Barbosa, una joven asistente le preguntó qué se puede o debe hacer para que la prensa cumpla su deber de proporcionar una información que por buena y suficiente permita al público estar bien enterado de lo que piensan, hacen y dicen los candidatos en la actual campaña electoral.

Resumiremos la respuesta del conferenciante a esa joven que no parece estar satisfecha con las noticias políticas de los periódicos y quizá tampoco con lo que pueda oír o ver en la radio y la televisión, puesto que hay prensa radial y televisiva así como hay prensa escrita.

—Antes que de la prensa —respondió el conferenciante— es un deber personal del ciudadano buscar una información adecuada sobre los candidatos por los distintos medios que le pone a su alcance la campaña, como foros, mítines, visitas, entrevistas…

En la respuesta, la palabra clave es “personal”, porque el meollo de la conferencia es que, de acuerdo con la doctrina católica, el principio de la vida política es Dios y el fin es la persona.

En una disertación de hora y cuarto, de memoria, sin más apoyo que breves alusiones a frases proyectadas en una pantalla, el señor Arjona Barbosa recorre la historia, desde los tiempos bíblicos, para demostrar que el gobierno tiene un origen y un mandato divinos: Dios crea a la autoridad con la misión de servir.

Un mandato que tiene una segunda parte que también es de procedencia divina y es por lo tanto indispensable para que se puedan realizar los designios del Creador: la persona tiene el derecho de exigir que la autoridad esté a su servicio y tiene también el deber de vigilar que le sea prestado ese servicio. Más que vigilar, el ciudadano, sobre todo los cristianos, tienen la obligación de procurar que el gobierno cumpla su cometido de servir a la comunidad.

Vamos a insistir: se trata de un deber que no reside en primera instancia en los partidos, ni sus dirigentes, ni las instituciones cívicas, ni los gremios del sector privado o el sindical, ni de las organizaciones no gubernamentales, no: es un deber intransferible del ciudadano, del hombre y de la mujer. Es una obligación particular de la persona, que es el centro y el objetivo de la vida política.

Un deber que incluye, como ya se ha señalado, la actividad individual de allegarse la información que le permita llegar a las urnas con un voto razonado sobre quiénes y cuáles son los candidatos y los partidos mejor capacitados para cumplir ese objetivo de servir que Dios le prescribe a la autoridad cuando la crea a imagen y semejanza suya.

Cuatro de los últimos Papas y líderes como Martin Luther King —indica el conferenciante— coinciden en que la causa de los triunfos del mal no son en primer término el número y las obras de los malos: es la ausencia, la apatía, la indiferencia de los buenos que dimiten de su deber de intervenir en la vida política según la explicada voluntad de Dios.

Víctor Arjona es un ejemplo de lo que predica. Una conferencia como la pronunciada por él en la iglesia de San Antonio de Padua, por la forma amena y el contenido instructivo con los que polariza la atención del auditorio, requiere de una aportación personal de tiempo y estudio, esfuerzo y dedicación. Aportación generosa porque no tuvo otro pago que la satisfacción de servir. Aportación valiosa, volvemos al ejemplo, porque nos presenta al hombre bien informado que está convencido de la bondad de lo que informa.

Aportación, repetimos, que es prueba fehaciente de que la religión no cansa ni aburre cuando, entre otros caminos que se transitan con interés, se acude a la fe, en este caso la doctrina social de la Iglesia, para ilustrar el comportamiento pasado del hombre como puente para entender sus compromisos y responsabilidades en el presente y lo futuro. Para entenderlo y guiarlo en un examen de conciencia en que el dogma y la creencia se desdoblan en razonamientos que por lo claros y puntuales están al alcance de cualquier auditorio.

Entre los medios que la persona yucateca tiene a su disposición para informarse de los partidos y sus candidados está “Sociedad en movimiento”. Desde el verano de 2009, este grupo de hombres y mujeres dedica tiempo y esfuerzo, estudios y experiencia, a una aportación similar a la que da Víctor Arjona Barbosa: informar al ciudadano sobre el abc de la vida política.

Más que comentar u opinar, lo que “Sociedad en movimiento” procura, a juzgar por su publicada trayectoria, es transcribir: trasladar a la persona, por medio de foros, debates, entrevistas, preguntas, etcétera, lo que piensan, dicen y proponen los candidatos que buscan su voto.

Cuando el PRI se niega a colaborar en estas tareas cívicas de “Sociedad en movimiento”, como se ha negado en estos días, demuestra una falta de interés en formar ciudadanos bien capacitados que elijan con votos razonados a los mejores, a los más aptos para gobernar.

Una falta de interés que lejos de sorprender confirma que este partido no está listo ni menos dispuesto a competir por los puestos públicos dentro de los cauces de una democracia auténtica, no una caricatura de democracia donde las bases de la victoria sigan siendo la desinformación y la ignorancia de la persona, de la gente, para hacerla víctima fácil del engaño, la presión y las tentaciones de corrupción financiadas por el dinero.

Ante este ejemplo típico del PRI, tan elocuente, insistimos en las palabras finales de nuestro artículo anterior, refrendadas a cada paso en esta campaña: “Gallina que bebe huevo, ni que le quemen el pico”.— Mérida, 22 de marzo de 2010.

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