(Primera Columna publicada el 24 de marzo de 2011)
Comparar los acontecimientos nacionales o internacionales con los sucesos de Yucatán es una práctica que suele rendir frutos aleccionadores. Ayer, en el parque de San Juan, en su charla de costumbre, César Pompeyo propuso a Vittorio Zerbbera que aplicaran este sano ejercicio a la derrota aplastante que acaba de sufrir el presidente municipal de Miami, Carlos Alvarez, en un referendo.
—¿Qué pecados cometió el señor Alvarez —pregunta Zerbbera.
—Los mismos que el gobierno de Yucatán: falta de transparencia en las cuentas, escándalos, enriquecimiento de los funcionarios públicos, sobregiros y derroches en momentos de crisis. Una de las dos gotas que rebasaron el vaso fue un alza súbita de los impuestos.
—¿Quién pidió el referendo, César? ¿La oposición política?
— No: la convocatoria partió de un ciudadano: el señor Norman Braman, distribuidor de automóviles, ex propietario del equipo de fútbol Aguilas de Filadelfia. Invirtió su propio dinero en una campaña cívica que prendió como reguero de pólvora. El señor Norman se indignó por el incremento en los impuestos cuando es palpable “la erosión en la calidad de vida” en Miami.
—¿Obligaron al alcalde a derogar el aumento?
—No, Vittorio: lo expulsaron del ayuntamiento. El 88 por ciento de los ciudadanos que participaron en el referendo aprobaron su destitución inmediata, fulminante. Ha sido un escándalo en Estados Unidos. Algo sin precedente en la historia del país, según Joshua Spivak, experto electoral del Wagner College de Nueva York.
—Es significativa la interpretación que Fernand Amandi, de la firma encuestadora “Bendixe & Amandi International”, adjudica a la destitución: “Históricamente las revocaciones contra una autoridad tienen su semilla en cuestionamientos a actos reñidos con la ética o un conducta corrupta… Los votantes están diciendo que van a juzgar la gestión de un gobierno con un ojo más crítico”.
—¿Cuál fue la otra gota que derramó el vaso?
—En declaraciones a boca de urna —publica “The New York Times”—, la mayoría de los iracundos entrevistados coincidió en que la peor ofensa del alcalde de Miami al pueblo fue su “effrontery”.
—Hablo bastante bien el inglés, César, pero no lo domino. ¿Qué es “effrontery”.
—Una palabra fuerte, Vittorio. Significa: “descaro, desfachatez, caradura”. En Yucatán tenemos un ejemplo de “effrontery” en las respuestas de Ivonne Ortega a las denuncias, con documentos en la mano, sobre la corrupción y ausencia de ética que invade su gobierno. Con la mano en la cintura, la gobernadora contesta que las acusaciones que le hacen a ella y sus colaboradores son “dimes y diretes”. No aclara nada y se burla de todo.
—Es lo que se llama una fresca, ¿no? —comenta Zerbbera—¿Y qué podéis hacer los yucatecos además de los amparos que se han interpuesto contra los aumentos de impuestos que decretó madame Ortega. ¿Podéis convocar a un referendo como en Miami?
—Nosotros no tenemos referendos, Vittorio. Y aun en el caso de que los tuviéramos, no encuentras a la vuelta de la esquina a alguien con los atributos físicos que se necesitan para organizarlo. Pero tenemos otras maneras de que el pueblo, sin temor a represalias, exprese sus sentimientos sobre los políticos. Me explicaré:
—En Roma, el pueblo tenía una forma de manifestar su punto de vista sobre una autoridad, para aplaudirla, si su actuación era buena, o censurarla si su gobierno era corrupto. Cualquier ciudadano podía convocar a una consulta pública, llamada plebiscito, vocablo que viene de la palabra plebe. El plebiscito era una voz del pueblo.
—En Yucatán, la gente ha adoptado en este gobierno una forma pública ruidosa de calificar el desempeño de las autoridades indeseables: el abucheo, el silbido. ¿Recuerdas, Vittorio, la rechifla inacabable que bañó a la señora Ortega el año pasado cuando se subió a un ring de boxeo? Pues se ha repetido la triste historia.
Hace unos días, en la ceremonia inaugural de la temporada de béisbol, cuando el presentador mencionó los nombres de Ivonne y la alcaldesa meridana, Angélica Araujo Lara, de hecho convocó a una consulta sobre la popularidad de ambas. La respuesta fue penosa: la concurrencia se unió en el estruendo de una rechifla de padre, madre y señor mío.
—Tienes razón, César, fue todo un plebiscito: voz del pueblo, voz de Dios.
—Además de plebiscito, Vittorio, la rechifla puede ser, y yo creo que lo será, un antecedente electoral, un adelanto del resultado de las elecciones para la gubernatura y la presidencia municipal de Mérida que celebraremos en 2012.— Mérida, 23 de marzo de 2011.
