(Primera Columna publicada el 23 de noviembre de 2011)

 En el desempeño de su misión como embajador de la antimafia en el Estado y recolector de datos pertinentes, don Vittorio Zerbbera preguntó a César Pompeyo en su plática habitual del parque de San Juan:
—Además del narcotráfico protegido, ¿cuáles son, César, los principales negocios de Yucatán?
—Si usted sabe que el narcotráfico está amparado aquí, Vittorio, comienzo a entender algunas cosas. Hay una invasión de rostros desconocidos en plazas comerciales e iglesias, una explosión de edificios y residencias descomunales en la ciudad, un desfile de automóviles de lujo que delatan una circulación de dinero procedente de un destino desconocido.
—Responderé ahora a tu pregunta. Tenemos a Bepensa, que hace Coca Cola, agua mineral y enfriadores de metal, vende autos y presta dinero, pero se queda corta. La Dondé fabrica galletas que se comen en todo el Sureste, pero tampoco les llega.
—¿A quiénes no les llega, Vittorio?
—Al gobierno del Estado y el ayuntamiento de Mérida. Son los mejores negocios de Yucatán. No hay banco, casa de bolsa, industria, casa de empeño, antro o agrupación piadosa que produzca tanto dinero. Los dos palacios de la Plaza Grande son las casas matrices de sendas “holdings” que se proyectan en una ramificación que es la envidia del más próspero de los empresarios.
—¿Qué es una “holding”, César?
—Una corporación. Los trepadores le dicen “corporativo”. Es una tendencia nuestra a distinguirnos por decirle cabrito al cabrío. Tenemos que hablar distinto que ayer o corremos el riesgo de que nos consideren un patán. Sigo:
—Las sedes de la alcaldía y el ejecutivo son centros nerviosos y financieros de una vasta red de empresas que explotan todo lo que se puede explotar: parques, plazas, museos, centros históricos, mercados, túneles, vivienda popular, shakiras, permisos, derechos, préstamos. Son insaciables y, como si los bendijera Dios, ganan el ciento por uno. Por eso te dije el otro día que estamos dejados de la mano de Dios.
—La materia prima principal —los trepadores dicen “insumo”— de las firmas y razones sociales de Ivonne Ortega y Angélica Araujo es inagotable: el pueblo. Le extraen hasta lo que no te imaginas y lo canalizan a sus potentes distribuidoras centrípetas (hacia dentro), de manera que no le hacen la competencia al sector privado, donde las compañías trabajan con fuerza centrífuga (para afuera). Los centrífugos lanzan y los centrípetos meten.
—Ya sé qué me vas a pedir: que te dé un ejemplo de centrípeto. Sobran, pero el “Diario” publicó el lunes 21 una microbiografía de un centrípeto redondo. Te hablo de uno de los potentados del PRI: el ex diputado José María Fernández Medina. El señor Fernández es el “hombre novena” de la política vernácula.
—¿Qué es un “hombre novena”?
—En el béisbol, los equipos tienen nueve jugadores que ocupan nueve posiciones distintas. Al fenomenal pelotero cubano Martín Dihigo le decían así porque podía jugar como cátcher y pítcher; primera, segunda y tercera bases; el campo corto y los jardines izquierdo, central y derecho. El señor Fernández, como verás, es un “hombre novena” con toda la barba.
—Martín Dihigo jugaba en una posición hoy y mañana en otra, a diferencia de don José María, que juega todas las bases al mismo tiempo. Cuenta, por favor: acaudalado burócrata del ayuntamiento, jefe en el gobierno del Estado, dueño de una empresa de carne, proveedor de carne a los hospitales estatales, pensionado del Banco Rural (el banco de los campesinos y los ejidatarios), dirigente de la CTM (la central de los obreros), capitoste del sindicato de los matarifes, eminencia gris del Rastro, secretario general del sindicato de la industria de la carne, padre de diputado, esposo de la directora del Caimede (una empresa que se dedica a los menores de edad desamparados)… Ya me pasé, Vittorio: son más de nueve.
—Además, su gremio de matarifes es el proveedor oficial de matones de glorieta como Carlos Herrera Chalé (“Calín”). Cuestión de elemental gratitud.
—¿Y la ley, César, qué dice la ley?
—¿Qué te pasa, Vittorio? ¡Ubícate, “please”, ¿Qué demonios tiene qué ver la ley con todo esto?— Mérida, 23 de noviembre de 2011.

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