(Primera Columna publicada el 22 de mayo de 2010)


El discurso pronunciado por Alaine López Briceño en el homenaje a la gobernadora, en el tercer aniversario de su triunfo electoral, reúne las condiciones para figurar en una antología de los elogios que se puedan tributar a una autoridad.

En sólo 13 párrafos, cumple los requisitos para merecer los nombres y adjetivos que el idioma dedica a las loas desbordadas.

Un discurso lisonjero. Lisonjear es decirle o hacerle a una persona, de manera intencionada y generalmente desmedida, lo que se cree que puede agradarle.

Discurso zalamero. Zalamería es una demostración empalagosa de simpatía.

Discurso carantoñero. Carantoña es la carica o halago para conseguir algo de alguien.

Discurso servil. Servilismo es el sometimiento o adhesión ciega a la autoridad.

Discurso ditirámbico. Ditirambo es una composición en la que se expresa gran entusiasmo o sentimientos muy vivos hacia alguien, generalmente en la forma de alabanzas desbocadas.

—Estamos aquí —afirma Alaine— para escuchar de voz de nuestra gran capitana, de Ivonne Ortega, lo que sigue y lo que nos espera.

Después de ocho párrafos relativos a los éxitos del PRI en los últimos tres años, la joven López Briceño diagnostica:

—Esos éxitos y victorias no son casualidad, porque nuestra mejor carta, nuestro pilar y lo que nos sostiene es Ivonne Ortega.

—Capitana, gobernadora, primera priísta de Yucatán, hoy todos los priístas te decimos: Ivonne te cumplimos!!!

En medio de la profusión de incienso, se confiere a la señora Ortega las facultades de la pitonisa (mujer que adivina el futuro) y la penetración del zahorí (personas que tienen la facultad de descubrir lo que está oculto). Un oráculo que dirá lo que nos espera.

Pero Alaine no cae en el peor de los pecados: la ingratitud. Reconoce que el PRI no hubiera conseguido sus victorias en las elecciones del 16 de mayo sin “el trabajo, la sensibilidad y la entrega humana y generosa de Ivonne Ortega”. “Nos sostiene”, subraya.

Este testimonio de gratitud tiende a dar la razón a quienes piensan que el gobierno y el PRI son el anverso y el reverso de una sola medalla: la misma cosa. Tiende también a confirmar las sospechas de una elección de estado, en la que los recursos económicos y humanos del gobierno, así como sus bienes muebles e inmuebles, estuvieron al servicio de los candidatos de un partido.

En seguida de esta nueva liturgia en los ritos del culto a la personalidad, la gobernadora pronunció otro discurso en que ofreció que no se va a marear con el poder ni actuar con arrogancia. ¡Sería un milagro!

Milagro improbable, porque acto seguido comenzó a tragar, digerir y asimilar los elogios y alabanzas de Alaine:

“Negarle la respuesta a quienes pretenden rebajarnos —anunció Ivonne en su discurso— es la mejor manera de conservar nuestra digna estatura, porque yo tengo mano firme de capitana”.

Esta declaración olímpica, digna de Júpiter tonante, concuerda con la mitología griega, sus semidiosas y adoratrices, pero hoy, en la modernidad política de los países desarrollados, parece trasnochada en varios siglos.

El discurso a la homenajeada puede servir de himno para un regreso al pasado caduco. O ser una relación de lo que le falta a Ivonne Ortega. En ciertos medios se busca encumbrar al político atribuyéndole precisamente las cualidades que no tiene.

Por último, el discurso de Ivonne incluye un aviso que puede ser motivo de polémica: “Les juro que en cada uno de los 865 días que nos quedan por delante trabajaré con toda la entrega y con todo el coraje que corre por mis venas”.

Un juramento que será motivo de entusiasmo para el PRI, o para Televisa, pero de susto y alarma para más de cuatro yucatecos que no comulgan con ruedas de molino. Comulgar con ruedas de molino es creer algo increíble o inverosímil.— Mérida, 21 de mayo de 2010.

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