(Primera Columna publicada el 15 de mayo de 2009)
Ya no sabemos qué pensar. O lo presentimos con una sospecha que nos deja con la boca abierta en estos tiempos de labios sellados. La columna llega a esa conclusión cuando compara la tentativa campechana de soborno a Megamedia con la tentativa yucateca de soborno a los alcaldes del PAN. Tentativa de soborno, aquélla, presenciada y avalada por el dirigente panista Jorge Lavalle. Tentativa de soborno, la segunda, atribuida a la gobernadora Ivonne Ortega por el priísta Carlos Farjat.
“Dios los cría y ellos se juntan”. El veterano refrán puede venirle como anillo al dedo a esta similitud de procedimientos que hermanan al PAN y al PRI. Que meten en el mismo barco, en un solo camarote, al nuevo PAN y al viejo PRI. Es la cohabitación del desdoblamiento revolucionario del PAN, estrenado en Campeche por Lavalle y el presidente nacional Germán Martínez en el espaldarazo al criterio extraviado del candidato a gobernador. Cohabitación con el reducto conservador del PRI, localizado en estas horas por las delaciones de Carlos Madrazo, Miguel de la Madrid y Carlos Salinas.
Lavalle asiste a la tentativa de soborno a Megamedia. Se calla cuando el “Diario” la publica. Se esconde cuando este periódico trata de entrevistarlo. Reaparece en el Congreso para decir que es falso: es falso que haya asistido a la junta.
Farjat escribe una carta al “Diario” sobre la tentativa de soborno a los alcaldes. Se calla cuando el “Diario” publica la carta. Se esconde cuando este periódico trata de entrevistarlo. Reaparece en la Procuraduría para decir que es falso: es falso que haya escrito la carta.
Cualquiera diría que hay vasos comunicantes entre las cúpulas de dos partidos que fueron antagónicos y hoy parecen asociados por una mente maestra que diseña estrategias comunes para dividir éxitos electorales o compartir beneficios económicos de alguna manera. Manera que a ninguno le luce divulgar. Cualquiera lo diría…
No es verosímil que Lavalle urda por sí solo la trama de callarse primero y abrir la boca después para decir una mentira inverosímil. La farsa que protagonizó fue cocinada por sus superiores. Superiores que le garantizaron la impunidad. Impunidad certificada por el silencio absoluto de los diputados del PAN y el PRI cuando el campechano relató su cuento chino ante una Cámara aleccionada. Inmunidad garantizada también por el apoyo paternal que Germán Martínez le brinda al cuentista al pastorearse con él en Campeche.
Tampoco es verosímil que a Farjat se le ocurra a él solo, si es que se le ocurrió, la estratagema de callarse primero y abrir la boca después para salir con una extemporánea declaración de inocencia en el asunto de la carta. Una inocencia incompatible con los pecados de su pasado político. Inocencia que parece concebida para favorecer a un contendiente en la presunta lucha por el poder que ocupa los intestinos del gobierno del estado. Lucha que podría derivar en una puñalada por la espalda a la candidatura y las esperanzas políticas de Rolando Zapata Bello debido a los contactos que se le atribuyen con la trayectoria sinuosa de Farjat.
No hay señales de que la degradación panista que afloró en Campeche tenga remedio. La farsa navega viento en popa: ilesos, intocables, sus protagonistas siguen donde querían estar, convencidos, según parece, de que los principios fundacionales del partido se han quedado en un discurso que no es necesario apuntalar con la acción. Cascarones vacíos ocupados una vez por la almendra de una patria generosa.
Veremos ahora si el soborno yucateco sigue la misma ruta. En las diligencias judiciales iniciadas ayer por el ministerio público tiene un relieve escaso, un valor terciario determinar si Farjat no envió la carta que escribió o no escribió la carta enviada. La prioridad en la investigación debe ser eso que la carta dice, sea quien sea quien la haya escrito. Eso que Farjat dijo a los alcaldes. Lo que Farjat dice y la carta repite es que la gobernadora ordenó el soborno a los munícipes panistas para que se pasaran al otro lado.
El interés que la Procuraduría dedique a su pesquisa y la profundidad a que llegue será buen indicio para medir las versiones de esa confrontación doméstica por el poder desatada desde los primeros paseos de Ivonne. Para calibrar también los dimes y diretes sobre la proyección de esa batalla en las candidaturas por las diputaciones.
Si se quiere acercar a los ciudadanos a la próximas elecciones, en vez de ahuyentarlos hacia la abstención, los partidos y sus candidatos, los gobiernos y sus funcionarios deben disipar con hechos, no con palabras, la impresión de que creen que pueden hacer todo lo que les venga en gana, sin pagar el precio de nada. De que pueden hacerlo porque el pueblo comulga con ruedas de molino en un estado pandémico de debilidad mental.
Las primeras reacciones políticas a la confrontación insólita entre Miguel de la Madrid y Carlos Salinas de Gortari guardan cercano parentesco con los sobornos campechano y yucateco. PAN y PRI quieren que las cosas se queden como están. Que no pase nada, pase lo que pase. Menear el dedo sin mover la mano. Que el pueblo haga lo que Dios le dé a entender. El pueblo, al que es fácil dorarle la píldora porque no ha salido de su minoría de edad. ¿En eso estamos? ¿A dónde vamos?
