(Primera Columna publicada el 13 de agosto de 2010)

—Doña Inés de Vargas, ¿es antepasada de Hansel Vargas? —pregunta don Vittorio Zerbbera (con zeta y doble be) a César Pompeyo en la banca del parque de San Juan, durante una de sus cotidianas revisiones de la actualidad.

—Ambos son protagonistas de sonadas denuncias —continúa—. Ambos son también los ofendidos. Inés, porque fue despojada de su honra. Hansel, el reportero de “Diario de Yucatán”, porque es víctima de la agresión judicial de Gabriela López. Agresión que de frente tiene la cara de una difamación y por detrás el aspecto de una calumnia. ¿Quién es esa señora, César, que acusa al periodista de falta de caballerosidad, de faltarles al respeto a damas semivestidas?

—Las malas lenguas aseguran que Gabriela López es el segundo poder en el estado —explica Pompeyo—. El primero es su ex amigo sentimental Ulises Carrillo. Este señor, delegado plenipotenciario del consorcio político Peña Nieto, es quien manda en Yucatán. Cuando Ulises se ausenta, la señora López asume la batuta.

—¿Cree usted en las malas lenguas? —inquiere el mafiólogo italiano.

—Piensa mal y acertarás —contesta don César—. Es un refrán español que suele ser la biblia cuando se aplica al gobierno yucateco.

—Entonces, Ivonne, ¿qué hace Ivonne en el gobierno?
—Buena pregunta, doctor. Es difícil saber qué hace, además de que el dinero desaparece como por encanto en su administración botarate. Pero sí sabemos qué puede hacer. Regresemos a Inés y a Hansel.

Inés le entregó su honra a Diego, concesión que hoy sería difícil porque, según las lenguas mencionadas, no abundan las honras ni se les da grande importancia. El caso es que en la basílica de Santa Leocadia, extramuros de la española Toledo, don Diego Martínez le juró matrimonio a Inés para conseguir sus favores, antes de marchar a las guerras de Flandes (mediados del siglo XVI). Lo juró ante muy antigua y venerada imagen del Redentor crucificado: el Cristo de la Vega.

Santa Leocadia, virgen toledana, víctima de la persecución de Daciano en los años 300, es contemporánea de Santa Eulalia de Mérida, la misma, Vittorio, que está en la Catedral yucateca.

Diego no cumplió el juramento, Inés interpuso su querella ante el gobernador Pedro de Alarcón y comenzó un juicio. Un proceso insólito, porque Inés presentó como testigo de la defensa al Cristo de la Vega. El tribunal en pleno, con el gobernador a la cabeza, se trasladó a la basílica, para que Jesucristo rindiera su declaración judicial.

Dejemos que el poeta español José Zorrilla, autor también de “Don Juan Tenorio”, nos relate qué sucedió en la basílica, ante la imagen, cuando en el romance “A buen juez, mejor testigo”, canto nueve, el notario demandó en voz alta:
“Jesús, hijo de María,
ante nos esta mañana,
citado como testigo,
por boca de Inés de Vargas.

¿juráis ser cierto que un día,
a vuestras divinas plantas,
juró a Inés Diego Martínez
por su mujer desposarla?”
Veamos qué sucedió después:
“Asida a un brazo desnudo,
una mano atarazada,
vino a posar en los autos
su seca y hendida palma,
y allá en los aires “Sí, juro”,
clamó una voz más que humana.

Alzó la turba medrosa,
la vista a la imagen santa…

Los labios tenía abiertos
y una mano desclavada”.

Al modo de Inés, el reportero Hansel podría citar a careo en la procuraduría, como testigo, a Ivonne Ortega Pacheco. Tal parece que la gobernadora sabe perfectamente si Hansel Vargas se metió a la fuerza en los camerinos de las modelos mientras se vestían y desvestían como acusa la número tres, Gabriela López, en denuncia que un medio de comunicación, basado en un boletín de la procuraduría, entendió y tituló: “Denuncian a reportero morboso… Fotografió a modelos mientras cambiaban su vestuario”.

En comentarios a la denuncia, la señora Ortega Pacheco tiende ostensiblemente a solidarizarse con Gabriela López, al recordarle a Hansel que “los reporteros deben ser respetuosos y entender hasta dónde llega su trabajo”.

A su vez, el reportero tiene el derecho de preguntarle a Ivonne en una cita judicial: ¿Juráis que es cierto que Hansel Vargas le faltó al respeto a las modelos de la ropa ibónica? ¿Cuáles pruebas y evidencias puede aportar de la falta de respeto a las desveladas? ¿Presente a las mujeres sorprendidas con poca o escasa ropa y compárelas, previa desvestida, con las supuestas fotografías reveladoras? En el caso de que la gobernante no quiera ir al ministerio público, el procurador deberá acudir a Palacio, como el gobernador Pedro de Alarcón subió a la basílica para interrogar al Cristo de la Vega. ¿O es que el Redentor es menos que Ivonne?
—Lo del Cristo es verídico —comenta el doctor Zerbbera—. Cuando estuvimos en Toledo vimos que la boca del Cristo de la Vega está abierta y la mano desclavada. Por cierto, Inés y Diego se despidieron del mundo, después de la declaración de Cristo, e ingresaron en monasterios para expiar sus culpas. ¿Cree usted, César, que la señora Ivonne podría, después de sus juramentos sobre Hansel Vargas, despedirse de Yucatán e ingresar en un convento para expiar sus culpas en vida austera de penitente?
—No creo que alguien se oponga —respondió César Pompeyo—, salvo, quizá, la Madre Superiora.— Mérida, 12 de agosto de 2010.

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