(Primera Columna publicada el 2 de octubre de 2012)

Don Vittorio Zerbbera, siempre tan puntual, llegó ayer con una hora y 53 minutos de retraso a su cita habitual con César Pompeyo en el parque de San Juan.
—Una hora y 53 minutos, César —subrayó, asombrado, el doctor en mafiología.
—¿Contaste los minutos? —preguntó Pompeyo.
—Conté los policías que estaban en mi camino, o traté de contarlos, porque en la Plaza Grande me enredé y perdí la cuenta. Salían como hormigas de todas las esquinas. La última vez que vi tantos en la calle, pero no tantos, fue cuando los gatilleros de la “cosa nostra” trataron de secuestrar con fines homicidas, en Palermo, al presidente de la Suprema Corte de Sicilia. ¿Se ha declarado en Mérida un estado de emergencia?
—Mérida es la ciudad más segura del hemisferio occidental —Vittorio—. Aquí hay veda permanente de gatilleros. Los secuestros, por cuestiones particulares, son esporádicos, la excepción de la regla. La regla de tranquilidad que es la norma de nuestras calles. Crímenes hay, de vez en cuando, pero por motivos pasionales de índole sexual, y están confinados a chozas de municipios lejanos o tugurios de los barrios bajos de la urbe.
—Yo llegué a pensar que vuestra fuerza pública estaba estrenando uniformes, y querían lucirlos en una magna exposición callejera, o que se estaban concentrando para un desfile conmemorativo. Sea lo que fuere, la gente no estaba complacida. Más bien disgustada, diría yo.
—Más disgustado estaría Rolando Zapata Bello. Ya sabe usted que hoy, dentro de un rato, es la ceremonia, en el Congreso, en la que asumirá el cargo de jefe del ejecutivo. Lo que nosotros llamamos toma de posesión.
—¿Y ésa es una causa de que la policía se posesione de la calle? ¿Alguna amenaza de violencia? ¿Esperan que asista madame Ivonne?
—Yo diría posicionarse, Vittorio, no posesionarse. No, no creo que haya peligro alguno. Si el desbordamiento de policías fue con motivo de don Rolando, me parece que fue un exceso de precaución autorizado, pero no justificado, por la manera que tiene el viejo PRI de hacer las cosas. Ya sabes lo arraigadas que están sus costumbres.
—Pues era, César, el momento propicio para que vuestro Rolando pintara su raya y demostrara desde el principio que con él las cosas van a ser distintas. Le han quitado su primera oportunidad de marcar un contraste con las manías que tuvo madame Ortega de ir a todas partes en “moloch”, como dicen ustedes, porque no confiaba en su sombra y veía moros con tranchetes en todas partes, tal vez con razón.
—No creo, Vittorio, que el señor Zapata lo confiese, pero quizá él, en el fondo, es quien más lamenta que se le haya escapado esta primera ocasión pública de manifestar su confianza en Mérida, en la ciudad segura que ha sustituido a la ciudad blanca que fue antes de Angélica.
—Ya habrás leído —prosiguió Pompeyo— dos conceptos de don Rolando que son motivo de honra para cualquier gobernante. Que, para él, “no hay nadie mejor” que el ciudadano. Mejor que todos los “personajes importantes” como los que asistieron a su toma de posesión y que pudieron haber exigido una protección especial y explícita, quizá porque no saben lo segura que es Mérida o porque tienen colas que les pisen. Tanto o más meritoria es su aspiración a que desde hoy lunes hasta el día en que termine su gestión se le vea y considere “como un yucateco”. Por eso creo que lamenta…
—Pues razón de más, César, para que, de ahora en adelante, la administración de vuestro Rolando y sus idas y venidas de un lugar a otro no sean motivo de concentraciones, posesiones, posicionamientos y otras precauciones que molestan a los ciudadanos y disgustan a los yucatecos.
—Te entiendo, Vittorio, sobre todo porque no siempre fue así. En tiempos de don Olegario Molina o don Panchito Cantón, el gobernador y el presidente de la legislatura, tomados del brazo, caminaban solos por la calle 60, entre la gente, para ir de palacio al congreso en las tomas de posesión y las rendiciones de informes. Hagamos votos porque, dejando atrás al viejo PRI, la sencillez republicana, como marco de la confianza en el yucateco, vuelva por sus fueros a todas las horas y todos los minutos del gobierno que comienza hoy lunes.— Mérida, 2 de octubre de 2012.

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán