Por Moisés Cituk

Lo prometido es deuda, así que —citando al extinto Roberto Ramírez Garza, “Beto, el Boticario”— ha llegado la hora chimengüenchona.

¿Qué le pasó a mis Raiders? El equipo de Oakland, otrora de Los Ángeles, y próximamente de Las Vegas, terminó la temporada regular con foja de 6-10, luego de finalizar la campaña anterior con récord de 12-4 y avanzar a sus primeros playoffs desde 2002.

Para que se den una idea, los 49’s de San Francisco, que arrancaron el curso con marca de 0-9, también concluyeron 6-10. Garoppolo será multimillonario muy pronto. Pero ese es otro tema.

El año de los Raiders fue tan malo que ya le costó la chamba al entrenador Jack del Río, un aficionado “maloso” de hueso colorado, quien hasta hace poco era el indicado para comandar a los plata y negro al título; por lo menos del AFC Oeste.

¿Realmente era Del Río el principal culpable de la debacle? No, pero perdió el control del vestidor, tal vez el error más grave que puedes cometer como entrenador en jefe. Gran tipo, todo un profesional, pero no es la primera vez que demuestra que el puesto de head coach le queda enorme.

¿Acaso fue Derek Carr? El joven pasador fue convocado al Pro Bowl en sus primeras dos temporadas como profesional. Acto seguido, firmó un contrato de 25 millones de dólares anuales. Justo y merecido… o al menos eso pensábamos. Carr jugó como un mariscal de campo del montón toda la campaña. Mediocre y sin agallas.

Como Obi-Wan Kenobi dijo hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana: “¡Tú eras el elegido!”

¿A quién más culpamos? La defensiva fue desastrosa, pero era de esperarse.

El lado bueno: Si alguien puede llevar este barco en llamas a buen puerto, es Jon Gruden. En ti confiamos, “Chucky”.