Por Moisés Cituk
El martes pasado fue especial para la “Nación Raider”. Tras días de rumores y especulaciones, Jon Gruden fue presentado como el nuevo entrenador en jefe del equipo, ante decenas de reporteros y más de 50 figuras icónicas de la franquicia, jugadores, coaches y administrativos.
Estuvieron presentes leyendas como el exesquinero Charles Woodson, apenas retirado en 2015; Tom Flores, entrenador de ascendencia mexicana que guió a los Raiders —primero de Oakland y luego de Los Ángeles— a dos victorias en el Super Bowl; los exmariscales de campo Jim Plunkett y Rich Gannon; el otrora férreo defensivo Howie Long; Jerry Rice, probablemente el mejor receptor de todos los tiempos, y Jim Otto, ya de 80 años de edad, quien fuera el mejor centro de la década de los 60. Entre muchos otros astros.
El ambiente, relatan los que acudieron, era electrizante. Se respiraba optimismo y esperanza.
Y no es para menos. Gruden, en su primera etapa al frente del equipo (1998-2001), lo condujo dos veces a la postemporada, incluyendo un viaje al campeonato de la Conferencia Americana.
Detrás de su éxito estuvo el maximizar el talento de jugadores como Gannon, Más Valioso en 2002, y el receptor Tim Brown, ahora miembro del Salón de la Fama.
Gruden nunca quiso dejar Oakland, pero el siempre polémico Al Davis, que en paz descanse, lo canjeó a Tampa Bay por selecciones del draft y dinero en 2002. Allí fue campeón esa misma campaña… apaleando a los Raiders que él mismo armó.
Sin rencores, anteayer, el hijo pródigo regresó a casa.
