Rafael Nadal trata de devolver la pelota

El español Rafael Nadal llegó renovado a la temporada 2018, la cual abrirá con el Abierto de Australia, superando sus lesiones y espera algo más que solo defender los 1,200 puntos.

Desde hace una semana, el ibérico se encuentra en el Melbourne Park entrenando y ha disputado duelos de entrenamiento contra el suizo Stan Wawrinka y el francés Jo-Wilfried Tsonga, el más reciente fue contra el ruso Alexander Zverev.

“Llevo una progresión muy buena. He entrenado cada día con gente buena. Me he visto compitiendo más o menos bien. Luego llegaré al primer partido y veremos lo que puede pasar porque llevo tiempo sin jugar”, explicó el mallorquín.

Nadal sigue a su ritmo, se perdió el inicio de la temporada en Brisbane, pero no se presiona ya que pudo llegar más relajado a lo que será el primer Grand Slam de la temporada, cuya ronda principal arranca el día 15.

“Mi temporada empezó un poco más tarde de lo que me habría gustado, pero es lo que hay. El simple hecho de estar aquí ya es una buena noticia. Vengo con la ilusión de hacerlo bien”, señaló Nadal, quien perdió la final de 2017 ante Roger Federer.

Sobre su estadía en Australia, donde llegó el pasado día 4, el campeón de 16 “Grandes” detalló que ha notado su evolución en el juego en estos días, por lo que está mejor preparado para arrancar el torneo con el rival que le depare el sorteo.

“De hoy al primer día que jugué un set entrenando aquí hay una diferencia muy grande. Uno tiene que volver a coger la rutina de moverse bien, de jugar con la agresividad adecuada y de recuperar los automatismos. Esto solo lo dan los entrenamientos y los partidos”, afirmó el español.

“He estado un tiempo sin competir, pero no es como por ejemplo en 2015, cuando llevaba parado varios meses. Vengo de un tiempo sin entrenar al máximo, pero con un recuerdo muy bueno del tenis que estaba jugando en 2017. Si soy capaz de iniciar bien, puedo estar preparado”, dijo.

Sin suerte

No parece sencillo ser Andy Murray ahora. Ni saber qué pasa por la cabeza de quien fue número uno del mundo y apenas pudo disfrutar de ello. Porque fue subir al trono y caer maldito en un cúmulo de lesiones que hubieran hecho mella en la cabeza de cualquiera menos en él.

Y es que no se entiende un Murray que no se agarre a la pista y que no pelee como un luchador romano igual que no se entiende un Federer golpeando el revés a dos manos. Es ilógico, antinatural.

Por ello, el británico lo lleva de la mejor manera posible y anuncia su baja en Brisbane a través de las redes sociales con una foto suya de cuando era tan solo un niño, informa de su operación de cadera con una foto en la cama de un hospital, lanzándole un mensaje cariñoso a su entrenador, y muestra un optimismo necesario.

Hace 12 meses, Murray llegó al Abierto de Australia número uno del mundo, tras un 2016 pletórico en el que conquistó su segundo Wimbledon y subió al trono mundial en una preciosa lucha con Novak Djokovic.

Las secuelas de aquella batalla, cerrada en Londres con la victoria del escocés en la Copa de Maestros, pasaron factura y comenzó su descenso con lesiones.— EFE