Familiares colocan una corona sobre el ataúd con los restos mortales de Armín Puerto “El Maya”

Fallece en Hunucmá un hombre del toro: novillero, bohemio y maestro

Armín Puerto, un hunucmense soñador del arte de la tauromaquia, novillero reconocido como “El Maya”, bohemio y poeta, falleció este miércoles en su villa natal.

Genio y figura, en el ruedo y fuera de él, tenía 70 años de edad, nos comunicó primero desde Bombay, India, donde se encuentra laborando, su hijo Armín, que también fue novillero, y posteriormente su familia en Hunucmá.

El deceso se debió a un infarto, a eso de las 8 de la mañana, tras sentirse mal.

“Un hombre de bandera, bravo y noble”, dijo Antonio Rivera Rodríguez, colaborador taurino del Diario, quien conoció a “El Maya” torero y al aficionado que quiso hacer de sus valiosos conocimientos algo de beneficio para la niñez y adolescencia en Yucatán. Rivera, como el difunto Armín, fueron dos hombres apasionados que luchaban por tratar de inculcar a los niños y jóvenes los valores más allá de la magia de la tauromaquia.

Pocos yucatecos pueden presumir torear en Madrid. Él lo hizo en la mítica Vistalegre cuando despuntaba de novillero, un torero de clase única y misterio.

Ygnacio Armín de Jesús Puerto Vázquez era su nombre de bautismo. Y Armín Puerto “El Maya” el nombre taurino con que trascendió en el mundo del toro, que hoy llora su partida.

Su debut en los toros fue con apenas 13 años, pero no fue sino hasta el 7 de enero de 1973 cuando comenzó a trascender. Fue en Tlaxcala, donde le cortó dos orejas a un novillo de Reyes Huerta. Y el 2 de mayo del mismo año alternó con el venezolano Jorge Jiménez y Rogelio Amador para despachar astados de Colomé.

Sus triunfos en ese año le permitieron llegar a España, donde, de acuerdo con recopilaciones de portales taurinos, actuó tres tardes en esas tierras. En Vistalegre, en Carabanchel, pudo alternar al lado del famoso Luis Miguel Dominguín, que regresaba tras un retiro, el ecuatoriano Peña Herrera, cortando una oreja a un astado de Paco Camino.

Tuvo otras dos actuaciones españolas: en San Sebastián de los Reyes y en Jumilla, Murcia.

Nació el 17 de marzo de 1948 en el seno de una familia humilde. Antonio Rivera nos relata que “se enfrentó, por las circunstancias de la época y sus deseos de trascender, a novillos enormes. “El ‘Maestro’ se zumbó muchos toros pa’ Bilbao, como los del domingo, y más grandes, en una época que tomar la alternativa quizá era lo más difícil del mundo”.

Ayer le velaron en su hogar en Hunucmá, donde amablemente su viuda Lourdes del Socorro Ceballos Méndez nos abrió las puertas y el baúl de los recuerdos, mostrando fotos antiguas y recientes del torero y poeta. En su velatorio, cubrieron su ataúd con un capote. No podía ser de otra forma, y se recitaban poemas escritos por él.

A las 7 horas de este jueves se oficiará una misa de cuerpo presente en la iglesia de San Francisco de Asís, y la señora Ceballos Méndez nos comenta que el cuerpo, según su deseo, será cremado. “Uno de sus deseos es que sus cenizas sean esparcidos en la arena de la plaza de toros de esta ciudad, pero habría que ver si es posible”.

La gente del toro reaccionó de inmediato cuando Armín Puerto Ceballos escribió desde Bombay que su padre había fallecido. Toreros, empresarios, aficionados y personas de todo tipo que le conocieron manifestaron su pesar. Y es que el difunto “Maya” fue un hombre peculiar, especial y entregado a los toros. Nos contó recientemente en la Plaza Mérida, “uno quiere hacer mucho por los chavales, para ayudarles a ser alguien en los toros. Es un mundo tan difícil, que a veces no se puede, pero el solo saber que puedes ayudarles, te deja honda satisfacción”.

Escribió a mano una gran cantidad de versos, poemas y otro de sus deseos era inmortalizar esas líneas en un libro. Versó para toreros, para la Fiesta en sí, y para la misma vida terrenal que ayer se le acabó.

Si pudo o no llegar lejos, eso nadie sabe. Pero siempre recordaba que lo había dado todo, que había sufrido para alcanzar los lugares en donde llegó, luchando ante toros y otras adversidades. Una generación de honrados hombres del toro como Álvaro Cámara padre, Salvador Andrade “El Pebo”, Manuel González “El Pili”, Víctor Díaz “El Chavalillo”, que regaron arte, drama y triunfo por los ruedos yucatecos.

Además de su viuda le sobreviven sus hijos Delio Armín y Renán Ignacio, fruto de su matrimonio con Hilda Josefina Ceballos Bojórquez, fallecida, y Ángel de Jesús y Éricka de Lourdes, con Lourdes Ceballos.— Gaspar Silveira Malaver / José W. Cob Chay

 

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